Benjamín Harguindey
27/12/2018 14:06

Basada en hechos reales, La mula (The Mule, 2018) dramatiza la historia de Earl Stone, un veterano de guerra de noventa años que al borde de la bancarrota decidió contrabandear droga para el Cártel de Sinaloa. Clint Eastwood dirige e interpreta a Stone en una obra simpática y un poco ingenua (quizás a la par de la historia que la inspiró) que nunca llega a cobrar la dimensión personal que sugieren sus mejores escenas.

La mula

(2018)

Las mejores películas del Eastwood post-Western se conjugan como despedidas sentimentales: Los imperdonables (Unforgiven, 1992), Million Dollar Baby (2004), Gran Torino (2008). Ésta aborda las mismas temáticas de remordimiento y redención pero en una clave más ligera y casual, a veces pasándose del lado de la comedia. El resultado es simpático y totalmente funcional gracias al incomparable porte de su estrella y un par de escenas descarnadas hacia el final, pero la historia nunca toma la altura necesaria para causar gran impacto. Pesan demasiado las indulgencias, los excesos, un tono general de complacencia.

Es difícil criticar las exageraciones de la película sin la historia real de referencia. El verdadero “Stone” contrabandeó droga durante una década sin inconvenientes; el de Eastwood parece dedicarle una fracción de ese tiempo a su nueva profesión, ascendiendo velozmente dentro del cártel mexicano al punto de codearse con el capo y convertirse en su favorito en cuestión de meses. Que los narcos se vean obligados a tolerar la constante insolencia y condescendencia del viejo gringo (junto a todo quien se cruza en su camino) es el tipo de vanagloria que uno encontraría en aquellas comedias familiares que celebran la tercera edad como el fin del filtro social. La fórmula va de la mano con el cascarrabias de Clint pero el humor es azaroso, oscilando entre simpático y bochornoso.

Tan inmune parece Stone a todo tipo de amenaza que durante gran parte de la película no hay conflicto. Stone disfruta de la buena vida, ganando fortunas por un trabajo que implica grandes riesgos pero requiere poco esfuerzo. Los narcos son demasiado dóciles y los policías demasiado incompetentes. La DEA, encabezada por dos insulsos agentes interpretados por Bradley Cooper y Michael Peña, comienza una investigación en paralelo pero las escenas son poco más que pasatiempos aburridos que no suman nada y a nada conducen salvo cuando más conviene.

Lenta y discretamente se construye el verdadero conflicto de la historia: la marchitez de la familia de Stone, que consiste de tres generaciones de mujeres decepcionadas por su ausencia (interpretadas impecablemente por Dianne Wiest, Taissa Farmiga y la propia Alison Eastwood). Wiest es una actriz veterana de la altura de Eastwood y la inesperada y conmovedora escena que les toca compartir durante el clímax de la historia es inmejorable, digna de una mejor película. La mula es defectuosa y a veces torpe pero aún en sus obras menos memorables Eastwood siempre sabe encontrar el corazón de la historia y centrar su mensaje de manera simpática y entretenida.

7.0

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