Rolando Gallego
09/12/2018 10:25

Hacia el final de Down para arriba (2018), nueva apuesta tras cámaras de Gustavo Garzón (Por un tiempo), en este caso en el documental, el docente de actuación de sus hijos resume mucho de aquello que la película propone: enseñar, acompañar, abrazar, amar, comunicar, como manera de comprender la realidad que atraviesan personas con síndrome de down.

Down para arriba

(2018)

“Soy profesor de ellos, en la línea de profesar” dispara mirando a cámara Juan Laso, al frente de Sin drama de down, agrupación que acerca el arte de la interpretación a jóvenes con este síndrome, mientras sus alumnos lo abrazan y dicen palabras amorosas, y el termino profesar se revela inevitable y contundentemente al espectador.

En la propuesta Gustavo Garzón reposa la mirada en el grupo de actores a los que llega por casualidad y decide sumar a sus dos hijos, fruto del matrimonio con Alicia Zanca, como una posibilidad más de conocerlos y conectarse también desde la actuación con ellos.

Si bien presta su voz para narrar su propia experiencia al enterarse la condición de sus hijos, su estupor e inmovilidad inicial, y el largo recorrido que ha transitado junto a ellos y su familia para contener y ofrecerles una mejor calidad de vida y posibilidades expresivas, su presencia comienza a desvanecerse al registrar ensayos e improvisaciones del grupo.

La cámara se introduce en el trabajo del ensamble actoral y acompaña al docente en sus cotidianas luchas, en el poder conciliar el deseo irrefrenable por ser reconocidos, la pasión que pone cada uno en los ensayos y el establecimiento de metas para conseguir el objetivo general de representar en el escenario obras simples y directas.

Mientras registra, Garzón propone algunas preguntas, orientadas, principalmente, a conocer el estado de sensación de los compañeros de sus hijos, Juan y Mariano, y de ellos también, sobre temas urgentes como la integración, el bullying, el amor, la imposibilidad de escapar del estereotipo y señalamiento de la sociedad, y también sobre la rebeldía y las necesidades que tienen estos jóvenes de conectarse con el otro, salir a divertirse, emborracharse y amar apasionadamente.

Sin caer en golpes bajos, con momentos de gran emotividad y humor, Down para arriba sigue la línea de otras propuestas similares como Los niños (2016) de Maite Alberdi, pero profundizando en la temática con entrevistas a especialistas, o docentes, y a figuras claves de la integración como María Fux, quien con su danzaterapia ha derribado mitos y muros convirtiéndose en un referente mundial.

Más allá de algunas decisiones de montaje, e imágenes de dudosa calidad, la posibilidad de recibir directamente la experiencia y el amor de un padre por sus hijos, excede un análisis cinematográfico acerca de fallas o falencias discursivas, porque en el fondo, tal como lo anuncia Laso, Garzón profesa su mirada compasiva y amorosa sobre su descendencia, y en ese registro termina por construir un relato universal sobre la empatía, la confianza, la contención y la pasión por encima de cualquier diferencia o discapacidad.

6.0

Comentarios