Rolando Gallego
17/11/2018 12:54

El blues de Beale Street (If Beale Street Could Talk, 2018) es la esperada nueva película de Barry Jenkins (Luz de luna), adaptación de la novela homónima de James Baldwin. Un viaje al pasado en el que desgraciadamente su cercanía con la actualidad duele y plantea preguntas sobre el porqué de haber retrocedido tanto en materia de derechos y libertades individuales.

El blues de Beale Street

(2018)

Los protagonistas, una joven pareja de afroamericanos de diferentes sectores sociales, verán vulnerado su futuro al ser, uno de ellos, detenido con mentiras. Detención que demora cualquier proyecto en conjunto como así también se inicia una pesquisa acerca de los verdaderos sucesos que llevaron a este triste presente de los enamorados.

Barry Jenkins decide construir, con algunas similitudes a películas anteriores, un relato que avanza y retrocede en el tiempo, que enfatiza y acentúa el amor de los protagonistas pero que además, con dosis de ironía y cinismo, se revela el lado B de personajes secundarios que acechan y molestan a la pareja. Con flashbacks y la subrayada banda sonora, el director vuelve a desplegar su amor por los actores envolviéndolos con la cámara. Por momentos la utilización de fotografías en blanco y negro acercan la propuesta al documental.

A las imágenes estáticas de la pareja, sobre las cuales una voz en off relata acontecimientos, se suma la exquisita banda sonora, destacando un preciosismo cinematográfico que ahonda, aún más, en la miserabilidad del entorno en el que Tish (Kiki Layne) y Fonny (Stephan James) luchan por su amor. La principal virtud de este film, que dialoga con otro estreno del año El infiltrado del KKKlan (Blackkklansman, 2018), de Spike Lee, es poder advertirnos desde el arte sobre algo que los medios masivos de comunicación omiten: El odio racial acrecentado, aquí demostrado hasta por las propias diferencias internas en el seno de la clase social reflejada.

Si bien su acentuado interés por enmarcarse en el melodrama, corriéndose de una propuesta más rigurosa, la hacen trastabillar y tomar menos en serio su discurso, es su urgencia, su belleza y su dolor, lo que reivindica a El blues de Beale Street como un ejercicio de trasposición logrado.

7.0

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