Victoria Duclós Sibuet
01/10/2018 14:21

A la altura de todo lo esperado luego de Gilda: No me arrepiento de este amor (2016), Lorena Muñoz estrena El Potro, lo mejor del amor. La misma calidad esta vez en función de bajar la figura del mítico Rodrigo a la de una persona de carne y hueso.

El Potro, lo mejor del amor

(2018)

Rodrigo, muy joven y pelilargo, solo desea cantar. En este comienzo todo es ilusión y hay hasta cierta cuota de inocencia. La biopic rápidamente avanza hacia dos puntos de quiebre inmediatos en su vida: uno es el primer viaje a Buenos Aires y el otro es la trágica muerte de su padre mientras canta en un escenario.

En principio está todo el color de un primer “Bebote Cordobés”, y rápidamente todo lo que parece liviano y simpático se empieza a apagar y a virar hacia el costado más desenfrenado de la vida de Rodrigo ya constituido como El Potro, allí es donde la película define también su drama. Todos los secretos a voces se hacen presentes, pero más que nada se escarba en conflictos más humanos y contradicciones emocionales que estaban fuera del escenario y en lo más privado de su vida.

Rodrigo Romero saca provecho a su asombroso parecido físico para ponerse en la piel del Potro Cordobés y Lorena Muñoz sin dudas le ganó al riesgo de tener como protagonista a una persona que nunca había actuado ni cantado en su vida, porque no se hace evidente en ningún momento. Romero es fresco y magnético como supo ser Rodrigo.

Florencia Peña y Daniel Aráoz están impecables como Betty Olave y Eduardo Bueno. Pero quien se destaca al punto de compartir protagonismo es  Fernán Mirás como el representante de Rodrigo. Es un personaje muy fuerte que actúa como catalizador de todo lo más emotivo de la película. Ahí se puede trazar cierta similitud con el papel de Javier Drolas como Toti Giménez en Gilda: No me arrepiento de este amor.

A diferencia de la unanimidad positiva sobre el relato de la vida de Gilda, la vida de Rodrigo en sí misma es mucho más controversial, por lo que seguramente la repercusión variará según cada punto de vista que hay de la figura del artista y su entorno. Sobre esto, la película es mayormente respetuosa de todas las partes, pero también es audaz para volcar de la cornisa en algunos momentos.

Calidad y momentos musicales que son joyitas, la película se aleja del lugar más espectacular y se mete en un costado más íntimo -y hasta más doloroso- de la figura. La directora vuelve a poner su cuota autoral en una película diseñada para ser popular.

8.0

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