Alejandro Turdó
06/09/2018 00:12

Lo nuevo del francés Robert Guédiguian se separa marcadamente de sus trabajos más recientes. El vínculo familiar, lo recuerdos de una época mejor y el tránsito de la mediana edad son la base fundamental de La casa junto al mar (La Villa, 2017).

La casa junto al mar

(2017)

Angéle, Jospeh y Armand son tres hermanos vueltos a reunir después de años de no verse, a raíz del delicado estado de salud de su padre. Acuden a su cuidado en la casa de la costa francesa donde el padre tiene su restaurant y un complejo vacacional que la familia solía disfrutar en épocas mejores. También el mismo lugar donde Angéle perdió a su pequeña hija en un trágico accidente casi 20 años atrás.



El relato nos lleva por la actualidad de los tres hermanos, sus éxitos, sus fracasos profesionales y amorosos, sus miedos ante el paso inapelable de los años y la forma en que cada uno de ellos intenta lidiar con sus conflictos internos. Con un guión fiel a la cinematografía francesa, sobrecargado de diálogo, Guédiguian recorre dos líneas temporales que alternan constantemente entre un presente gris y un pasado que prometía un mejor futuro, tratando de reconectar la relación perdida entre los hermanos y la desaparición de esa magia que contenía para ellos el lugar de veraneo.

En cierto sentido el director nos pone frente a un ensayo sobre pros y contras respecto del eterno dilema según el cual no hay que regresar al lugar donde uno fue feliz... o tal vez sí. Los 107 minutos de película nos llevan por un camino que reflexiona sobre el paso del tiempo y cómo eligen los personajes lidiar con el bagaje que traen a cuestas de cara a lo que vendrá.



A pesar de no contar con una puesta en escena deslumbrante, Guédiguian  logra captar en imagen esa sensación de paraíso perdido que se respira en cada rincón de la villa, un espacio transformador a través del cual los personajes se redescubren y terminan redondeando una obra que deja tela para cortar, a pesar de un cierre con desajustes.

6.0

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