Rolando Gallego
30/07/2018 15:12

En contadas oportunidades el cine local ha reflejado historias de personas mayores de 30 años: de amor y de desamor, Pareciera que el enamoramiento y la pasión es sólo cuestión de jóvenes, algo fugaz y efímero, por suerte llega la ópera prima de Juan Vera para desmentir esto, El amor menos pensado (2018) incluye hasta una pareja de enamorados octogenarios en su narración.

El amor menos pensado

(2018)

Si bien su disparador es la separación de Ana y Marcos (Mercedes Morán, Ricardo Darín, nuevamente juntos tras Luna de Avellaneda) la película prefiere manejar varias capas narrativas para construir su guion. Los protagonistas son dos personas maduras que ante el decisivo momento de reencontrarse en las rutinas, tras la ida del hogar de su hijo, tienen que tomar la difícil decisión de ver si siguen juntos o separados.

Vera cuenta esta transición con solvencia, apoyándose en el oficio de los actores y su capacidad para componer personajes sólidos, incluyendo pequeños detalles. Y mientras el desarrollo propone un recorrido sobre diferentes situaciones en las que la edad de los protagonistas no será un impedimento para poder reflexionar sobre la vida en pareja, y también en soledad, el re enamorarse y demás asuntos, una segunda línea de personajes asumirá el comic relief, necesario para transitar la excesiva duración de la película y para plantear algunos conflictos subyacentes que hacen a la trama principal.

Una mujer con apetito sexual (Andrea Politti, que aprovecha al máximo su breve intervención), un extraño vendedor de “aromas” (Juan Minujín), por citar sólo dos casos, serán los exponentes con los que se enfrentarán Ana. La incorporación de secundarios contrarresta la carga de cierto “pesimismo” y negatividad inicial, desarrollado en el primer acto.

Así, el planteo inicial es sólo la excusa para que hábilmente, el relato proponga un viaje por situaciones nuevas, y por separado, para que la reflexión se enmarque dentro de una necesaria experiencia individual, alejada de la mirada del otro. El pasar revista por los personajes, el transitar con ellos el nuevo estado civil y la posibilidad de depositar en los roles secundarios su necesario arco de progresión dramática, dinamizan el guion que busca recorrer años de los protagonistas para comprender la transformación de cada uno de ellos.

Precisos y queribles Morán y Darín, componiendo a una pareja verosímil, lúcida, ácida que necesita tiempo para procesar varias cosas, entre ellas el saber qué pasó con su vida mientras pusieron en un paréntesis sus anhelos e ideales en pos del crecimiento de su hijo, un hombre que les devolverá rápidamente una imagen que no desean pero que se condice con la concreción de su necesaria separación para volver a mirarse a los ojos, luego de un tiempo y responder la difícil pregunta sobre el amor que se tienen, o no.

6.0

Comentarios