Emiliano Basile
20/05/2018 10:16

El mexicano Julio Hernández Cordón (Las marimbas del infierno, Te prometo anarquía) presentó en la Quincena de los realizadores del 71 Festival de Cannes Cómprame un revólver (2018), sobre un padre que debe cuidar a su pequeña hija en un territorio controlado por los narcos. La película narrada desde el punto de vista de la niña, adquiere momentos de tensión y claustrofobia dignos del mejor cine de terror de todos los tiempos.

Cómprame un revólver

(2018)

Empleado por un cartel de narcos en condiciones de esclavitud, un hombre (Rogelio Sosa) trabaja manteniendo un estadio de beisbol al que prepara para eventos deportivos o fiestas que los soldados armados deseen organizar. En el remolque aledaño vive con su pequeña hija (Matilde Hernández Guinea), por quién realizó un pacto con un líder narco para poder tenerla consigo y evitarle un destino trágico de otros niños/as. Pero en un mundo sin códigos ni leyes, con la ley del más grande imponiéndose con violencia, las promesas pueden romperse en cualquier momento. Para cuidar a su hija el personaje soporta una odisea de humillaciones a diario.

Cómprame un revólver tiene puntos de contacto con la italiana La vida es bella (La vita e bela, 1998), en cuanto a la intención del padre de conservar la inocencia de su hija con mentiras para que pueda sobrevivir al infierno que le tocó habitar. La mirada de la niña guía el relato, sin dimensionar la crueldad a su alrededor.

Pero la película de Julio Hernández Cordón se distancia en la descripción descarnada de los hechos que, lejos de quedar fuera de campo como pasaba en la película de Roberto Benigni, suceden en escena. Cómprame un revólver no es un cuento de hadas ni una fábula esperanzadora, es un relato sobre la pérdida de la inocencia, duro y aterrador en ocasiones, donde esa mirada inocente se corrompe y las mentiras se diluyen ante los hechos. Lejos de alejar el miedo, se apodera de los personajes y los transforma en su interior. Lejos de alejar la violencia la adoptan y aprenden a convivir con ella.

La película utiliza la mirada inocente de la niña para hacer tolerable la narración para el espectador. Estamos ante un mundo donde la vida pende de la suerte, como menciona la niña en el inicio, y a partir de ella se mantiene en vilo al público sobre el destino de los acontecimientos.

Cómprame un revólver es un film comprometido con una realidad ocultada, la de los territorios disputados por el narcotráfico y la subordinación que ejercen sobre los habitantes de la zona. Tópicos del western como la guerra armada por la tierra y la ausencia de derechos para los ciudadanos propios de un modo de vida medieval, son representados por la película a modo de denuncia.

A la vez, el relato se centra en las víctimas de mayor vulnerabilidad entre los lugareños, los niños y las mujeres, quienes deben ocultar sus identidades con cascos y máscaras para preservar sus vidas. En ellos radica el peor drama que pueda esperarse, y en el sufrimiento de un padre por evitarlo está la fuerza dramática de esta historia.

9.0

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