Rolando Gallego
15/05/2018 17:33

Avalada por más de un millón y medio de ejemplares vendidos a lo largo de casi diez años, la adaptación cinematográfica del clásico libro infantil de Luis Pescetti, Natacha, La Película (2017), establece una revisita al cine infantil más clásico, aquel encuentra en la escuela su razón de ser y motor narrativo.

Natacha, La Película

(2017)

Fernanda Ribeiz y Eduardo Pinto son el equipo de directores encargados de llevar a la pantalla grande a uno de los personajes más emblemáticos de la literatura para niños, y, en este caso, adaptando los dos primeros libros de la saga best seller regional.

Natacha (Antonia Brill) es una niña que siempre está con una sonrisa, vive con sus padres (JJulieta Cardinali y Joaquín Berthold) y disfruta diariamente de la compañía de sus amigos, especialmente de Patti (Lola Seglin), “su mejor amiga”, con quien avanza en un negocio de escritura de cartas de amor que genera más confusión entre los participantes que parejas.

En el medio adopta a Rafles, un pequeño perro que desorganiza su casa (y los nervios de su madre), pero que le permite demostrar que el animal distingue colores, tema central de una tarea escolar especial asignada con la que intenta además, derrotar a sus archienemigas las “chicas coral” (Fiorela Duranda y Martina Iglesias) y así convertirse en la reina de la clase y la preferida por todos.

Natacha, La Película fusiona tradicionales relatos de colegio (Señorita Maestra, Caídos del mapa) en el que dos grupos, uno popular y otro que intenta serlo, interactúan avanzando a paso firme, esquivando los conflictos y resolviendo en el día a día cuestiones relacionadas a la familia, la amistad y el amor.

El binomio de directores decidieron contar la historia con un tempo diferente al de la Industria, creando además un universo inocente y en donde los niños son niños, los adultos, adultos, y cada rol que se presenta en el relato, además de cumplir con su función, representa, de la manera más verosímil, su idea y origen.

Hay también una decisión por evitar caer en estereotipos parentales, así, la representación de los adultos de Natacha, La Película arranca con hombres y mujeres sin hiperbolización y, menos aún, con la necesidad de trascender o mostrarse por encima del elenco infantil. Su participación es en función de cada uno de los conflictos de los niños, muchos presentados con anterioridad en una propuesta para chicos que respeta a su público y que lo entiende y contiene.

La incorporación de una banda sonora efectiva y trazos gráficos para dinamizar la historia, son aditamentos que terminan por consolidar una idea que hace años viene buscando plasmarse y verse en la pantalla grande y que en tiempos de efectos especiales y grandes es un pequeño oasis en medio de tanta espectacularidad.

Y si bien Natacha, La Película falla en algunos puntos trabajados desde el guion (resolución de conflictos secundarios, diálogos demasiado extensos, desarrollo de ciertas cuestiones asociadas a los roles) la frescura con la que los niños protagonistas avanzan en el relato, la fuerza de las actuaciones, y una línea progresiva que respeta a raja tabla el cuento clásico de tres actos, con las idas y venidas esperables y la política como motor performatico, destacan como materia prima de una ideología ajena al establishment y que cada día avanza con más fuerza sobre lugares comunes, empoderando niños y familias con un mensaje esperanzador.

6.0

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