Juan Pablo Russo
19/04/2018 23:00

Actor y reconocido cortometrajista, Iair Said (9 vacunas, 2013; Presente imperfecto, 2015) debuta en el largometraje con un documental bastante atípico, una historia familiar propia, cargada de humor negro, ironía y una honestidad en su estado más puro que abre el debate sobre la ética y la manipulación.

Flora no es un canto a la vida

(2018)

Flora Schvartzman es la tía abuela solterona del realizador, por disputas monetarias estuvo peleada con la familia durante muchos años, al punto de no hablarse. Flora ya ha pasado los 90, la reconciliación al fin llegó y es a partir de ese hecho que el protagonista traza un plan para heredar el departamento que esta posee. Si Flora no ha tenido hijos el oficiará como tal y le brindará todo la ayuda, contención y amor que necesite. Pero no todo saldrá como fue planeado porque Flora ha donado en vida su casa a una institución israelí.

Flora no es un canto a la vida (2018) es la descripción perfecta de un personaje quejoso, que ve en todo un problema y a la que nada la satisface. De comienzo un letrero aclara que la película fue realizada sin la autorización de la protagonista y desde ese punto de partida uno como espectador ya puede advertir por donde irá la cosa y que es lo que está dispuesto aceptar y que no. Said filma a Flora, se filma a él, a sus padres, con un dispositivo casero, con planos desprolijos, como si se tratara de un ensayo. Pero paradójicamente esa metodología termina dándole frescura e imprevisibilidad más allá de que nunca sabremos si éste actúa un personaje o si sus intenciones son verdaderas.

Se puede discutir lo ético de la forma, la intencionalidad y hasta si es válido exponer de esa manera a alguien que ya no está. Pero también es real que hay una manipulación de ambos lados, tanto de Flora como del director, y que en ningún momento ninguno trata de ocultar, aunque sea más evidente de uno que del otro. En ese sentido el documental es honesto, aunque también cabe preguntarse si todo lo que se ve es real o parte de una puesta en escena en donde todos eran partícipes de una historia que el director manipuló.Y ahí la honestidad la daría pasó a la mentira.

Flora no es un canto a la vida en la vida genera muchas más preguntas que las certezas que puede brindar. Tal vez Flora no fue la engañada y todos somos víctimas de una historia con mucha ficción y algo de realidad. O no.

7.0

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