Rolando Gallego
05/02/2018 00:08

Pensada como comedia pero en la práctica más cercana al drama, Recreo (2017), de Hernán Guerschuny y Jazmín Stuart, propone un viaje a la intimidad de un grupo de amigos durante un fin de semana de encuentro, revelaciones y peleas.

Recreo

(2018)

Filmada con recursos que apelan a un lenguaje televisivo (puesta, encuadres, diálogos, figuras) Recreo busca construir un camino diferente dentro del panorama actual de la comedia nacional, pero se queda a mitad de camino.

Buceando en las miserias de cada uno de los personajes y la obligatoria confrontación de verdades ocultas y mentiras que ya nadie puede contener, la película se propone como un fresco generacional, aunque por momentos termine por narrar desde una posición de clase los conflictos que intenta desentrañar entre los personajes y se pierda una mirada más abarcativa.

Como pasaba en la anterior película en solitario de Guerschuny, Una noche de amor (2016), la ideología supera cualquier intento por suavizar la mirada que se tiene sobre algunos de los protagonistas, pero a diferencia de ésta, acá, tal vez por la incorporación de subtramas, se posibilita un escape de la misma.

Una estancia alejada de la ciudad servirá de campo de batalla para que tres matrimonios: el de los excéntricos y liberales (Fernán Mirás y Carla Peterson), el de los snobs y más conflictuados (Juan Minujín y Jazmín Stuart) y el de los relegados (Martín Slipak y Pilar Gamboa), interactúen y definan su relación. Decididos a pasarla bien, las tres parejas se relacionan en un espacio sólo conocido por los dueños de casa (Mirás, Peterson), y en el que desplegarán, durante dos días, sus estrategias para: no cuidar a sus hijos, emborracharse hasta el hartazgo, drogarse, acercarse por demás a quienes realmente desean, liberar tensiones, gritar y gritar.

Hay algo de “comedia francesa” que rodea la propuesta, principalmente por la presentación inicial de los actores, por algunas líneas del guion, y por la estructura del relato. Diálogos edulcorados, superficiales, como así también ideas subrayadas hasta el hartazgo (abandono de los hijos, machismo) resienten la progresión narrativa, y refuerzan esa mirada de clase que posee la película, con prejuicios y con la estigmatización de la clase obrera, representada por los caseros de la quinta.

Si se superan esos puntos mencionados anteriormente, y se intenta ver Recreo sólo con la intención de pasar un momento agradable y divertido, se cumple el objetivo con lo justo en una propuesta sostenida por su elenco, que podría haber sido mucho más sólida y entretenida.

6.0

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