Juan Pablo Russo
24/11/2017 13:15

Cuando las películas tratan sobre temas que generan controversia, se crean discusiones y debates dejando lo cinematográfico en segundo plano. Invisible (2017) no será la excepción. El tema es el aborto y seguramente se discutirá si el film habla a favor o en contra del mismo. Aunque no lo haga y hable de otra cosa.

Invisible

(2017)

Luego del auspicioso debut con Las Acacias (2011), el argentino Pablo Giorgelli, regresa al cine con una película sobre la soledad enmarcada dentro de una situación de aborto adolescente ante la llegada de un hijo no deseado. Impecable trabajo de Mora Arenillas, componiendo con precisión a una joven fuerte y frágil a la vez.

Ely (Mora Arenillas) es una adolescente que transita por el último año del colegio secundario, es parte de una familia disfuncional y vive con su madre depresiva de la que debe hacerse cargo tanto psicológica como económicamente. Trabaja en una veterinaria y mantiene una relación esporádica –tan fría como distante- con el hijo del dueño (Diego Cremonesi). Fruto de esos encuentros ocasionales, en donde de manera clara hay más una necesidad física que pasión o amor, Ely queda embarazada y decide abortar.

Invisible es fundamentalmente una película sobre la soledad en todo sentido. Ely vive rodeada de ausencias. Su madre, su amante, la escuela, los médicos. Una sucesión de personajes que están pero no, personajes invisibles. Y es ahí donde Giorgelli pone el foco de la historia, siguiendo a su protagonista, describiendo sus acciones de cerca, con crudeza, pero nunca juzgando sus decisiones, ni las de su entorno. Invita a reflexionar pero no les atribuye la categoría de héroes ni villanos.

Giorgelli ratifica con su segunda película que es un gran director y contenedor de situaciones límites que en manos de cualquier otro podrían haber desbarrancado toda la película. Pero su gran logro es evitar manipular y caer en el lugar común al meterse con un tema tan actual como sensible. Podría haber tomado una opinión explicita pero rehúsa de hacerlo, Tampoco busca dejar un mensaje, simplemente expone crudamente –como si se tratara de un registro documental- a su personaje en conflicto permanente con la realidad que le toca vivir, invitando a que sea el propio espectador quien arme el final.

Tal vez la polémica que despierte Invisible, con apiniones a favor o en contra, no sea su principal atractivo, porque cinematográficamente transmite todas las sensaciones que se propone de manera efectiva, generando tanta incertidumbre como si uno mismo estuviera atravesando el solitario derrotero de la protagonista.

8.0

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