Mariano Cervini
27/06/2017 09:11

Alejado de la grandilocuencia narrativa, Una serena pasión (A Quiet Passion, 2016) recrea con delicadeza la vida privada de Emily Dickinson, una de las mejores poetas norteamericanas de la historia. Actuaciones sobresalientes junto a un guión que destaca por su ritmo pausado y poético.

Una serena pasión

(2016)

Aclaremos antes de empezar: Una serena pasión es una película lenta. Dura dos horas y en ella no hay saltos abruptos en el guión, ni planos que busquen a un espectador desesperado por el avance de la narración. En el libro Elogio de la Lentitud, el escritor escocés Carl Honoré dice que la velocidad es una manera de no enfrentarse a lo que nos pasa en el cuerpo y en la mente. Nada mejor que esa lentitud para entender el cuerpo y la mente de Emily Dickison.

Aún hoy en día la vida privada de la poeta continúa siendo un misterio. Nacida en el seno de una familia protestante de clase media-alta a mitad del siglo XIX, pasó la mayor parte del tiempo encerrada por voluntad propia en la casa familiar. Sus relaciones con el mundo exterior remitían a pequeños paseos por el jardín de la finca. Esa falta de contacto con el afuera obró de manera inversamente proporcional en el interior de su hogar. Los vínculos afectivos con sus padres y hermanos eran muy fuertes.

El director Terence Davies (La casa de la alegría, 2000) parte de una pregunta incontestable: ¿Cómo mostrar ese mundo interior desconocido y vincularlo a la poesía ? La respuesta se va desarmando muy lentamente, para que el espectador pueda ver y - algo más difícil en estos tiempos- entender.

Hay una amalgama, como un líquido denso, que une la trama en una fluidez pesada, si se permite el oxímoron, y exige un esfuerzo de parte del público. Si ese pacto por la velocidad es aceptado, el espectador podrá desmenuzar la trama y gozar del placer poético de las palabras. Es que Una serena pasión es una película donde las palabras, como en la buena poesía, tienen peso específico.

Los diálogos van expresando ese universo de emociones contenidas. Los actores se sueltan en una atmósfera casi teatral. Ese ambiente mesurado es el clima perfecto para que exploten al máximo sus dotes.

Cynthia Nixon (Sex and the City, 2008) en el mejor papel de su historia, escapa de cualquier posibilidad de cliché y define una Emily Dickinson de gran carácter, atormentada por sus propias virtudes.

Por momentos la película genera un intercambio actoral elevadísimo. Destacan Jennifer Ehle (Cincuenta sombras de Grey, 2015), como Vinnie, la hermana menor, Jodhi May (Ginger & Rosa, 2012) como la cuñada y amiga y el padre interpretado por Keith Carradine (Cowboys & Aliens, 2011).

Todos avanzan rodeados de un manto cruel que les anuncia la desesperación por la vida, la dificultad de las relaciones humanas, el castigo divino y la inminencia de la muerte. Ese manto sagrado y a la vez profano que es la poesía de Emily Dickinson.

9.0

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