Una tarde cualquiera

Sieranevada

El rumano Cristi Puiu ha decidido sumergirse en lo más hondo de este microcosmos de dilatadas resonancias con Sieranevada (2016) , un verdadero tour de force, relatando una reunión familiar que se desarrolla a puerta cerrada a lo largo de una tarde

Sieranevada
domingo 25 de junio de 2017
Receptáculo clásico de lo cotidiano, las complicidades, los malentendidos, los secretos, los recuerdos y tantas otras cosas luces y  sombras, la familia es un espacio a la vez banal y profundo del que la gran pantalla se ha servido con frecuencia para elaborar su néctar —o su veneno—, y que continúa siendo a pesar de ello un territorio de fecundidad inagotable, rico en temas humanos que alcanzan, en este más que en otros campos, un altísimo grado de intimidad e identificación.Desplegando su arte de la panorámica y del entrecruzamiento de una quincena de personajes por el espacio bastante reducido de un departamento de cinco ambientes donde se desarrolla una ceremonia conmemorativa, 40 días tras el fallecimiento del patriarca de la familia, el director firma —en su estilo característico, que exige una cierta dosis de paciencia— una obra profusa, un estudio de grupo de un realismo excepcional y abierto a múltiples vías de reflexión, más o menos encriptadas —los lazos fraternales, las relaciones entre hombres y mujeres, la religión y el comunismo, la comunicación, por mencionar unas cuantas—. Y cuando, como sucede a menudo, es la muerte (en este caso, la tradición ortodoxa de honrar al difunto) la que reúne a los miembros de una familia, el ambiente es, a un mismo tiempo, lacrimógeno, risueño, febril y eléctrico.En su auto, de camino a casa de su madre, Lary (Mimi Branescu), un médico cuadragenario, es regañado por su mujer, que está más preocupada por las compras que habrá que hacer y por las cercanas vacaciones que por el ritual post-funerario al que van a asistir. Cuando llega a su destino, la pareja se une al grupo, que tiene por delante una comida opulenta; pero antes de comer, todos deben esperar a recibir la bendición del sacerdote, que todavía no ha llegado. La madre, el hermano y la hermana, el cuñado, la tía, el tío, el sobrino, la sobrina y la prima, sin olvidar a tres amigos del difunto, una croata afligida en un rincón y un bebé al que intentan no despertar: todo este pequeño universo pasa de habitación en habitación, se divide, conversa, fuma, bebe y discute a medida que se suceden los acontecimientos. Un torbellino tratado por Puiu como un rompecabezas sin solución, con diálogos que se superponen y fragmentos de conversaciones que se adivinan vagamente a través de puertas que se abren y cierran sin cesar. Desde las discusiones sobre la actualidad —en las que las teorías de la conspiración se enfrentan al discurso oficial— a los debates sobre las bondades o estragos del antiguo régimen comunista, pasando por la ostentación pública de crisis conyugales e infidelidades, Sieranevada  indaga con rigor extremado su materia: el carácter ilusorio del saber y las innumerables facetas de la realidad. El cineasta examina esta vorágine —de vitalidad innegable, no exenta de humor y excesos— en calidad de observador neutral, como un científico interpretando los indicios, desentrañando los secretos de la mezcla que contiene la probeta, logrando identificar correctamente cada uno de los elementos. Unos geniales intérpretes y la maestría del trabajo visual y sonoro completan este fascinante retablo —cuyo ritmo, que trata de ajustarse lo mejor posible al tiempo real, pondrá sin duda a prueba a los amantes de la velocidad— que se revela como el tour de force de un cineasta que ha llegado a la madurez por su capacidad de penetración y su talento para la plasmación cinematográfica de los más ínfimos matices de la vida.
9.0
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