Rolando Gallego
05/06/2017 15:34

Migas de pan (2016), tercera producción de la realizadora Mamane Rodríguez (Los pasos perdidos, Retrato de mujer con hombre al fondo), es una profunda y cruda reflexión sobre la última dictadura cívico militar en la región que se permite, además, narrar la imposibilidad de dejar en el pasado las huellas encarnadas del proceso.

Migas de pan

(2016)

En la desgarradora historia de Liliana (Cecilia Roth/Justina Bustos), una militante activa en la lucha por derechos en el Montevideo de los años setenta, que ve cómo de un día para el otro, y pese a advertencias, su realidad cambia al ser secuestrada y enviada a un campo de detención ilegal, se habla de un período nefasto de la historia de la región. En el recuerdo de esos duros y trágicos momentos, en los que junto a sus espontáneas compañeras intenta aferrarse a lo que sea -de ahí el título- con tal de atravesar los días en cautiverio, una madura Liliana (Cecilia Roth) desanda sus pasos ante el inevitable regreso del pasado cuando decide volver a Uruguay para entrar en contacto con su familia y sus ex compañeras de reclusión.

Pero no es fácil, su familia, que nunca le perdonó el haber participado de la militancia, y su hijo, con quien perdió contacto luego de negársele la patria potestad cuando estaba recluida, le devuelven una mirada oscura sobre aquello que decidió tomar como punto de partida para una vida implicada en la política, parte esencial de ella. En el regreso también se juega una vez más a identificar y denunciar a aquellos que la torturaron y cambiaron su destino, y en esa decisión de volver para manifestarse hay una resistencia por parte de su hijo, quien en el adoctrinamiento de su familia de crianza (teoría de los dos demonios) se ha dejado manipular y ser parte de una verdad maniquea que nada tiene que ver con la realidad de Liliana y el amor que ella siente por él.

La producción tiene dos líneas narrativas bien marcadas, una en la que Liliana joven (Justina Bustos) es alcanzada por el sistema de tortura y en el que pese a todo continua estoica acompañada del amor solidario que surge en las celdas y en los patios de reclusión. Esta etapa se la narra a través de un flashback continuo, con un verosímil que en el movimiento de cámara, los espacios cerrados, y los planos cortos o detalles, que ayuda a cristalizar una idea clara y precisa sobre los mecanismos de cohesión y sujeción de aquellos que pensaban diferente y resistían en la dictadura. La otra etapa de Liliana, expectante a su próximo abuelazgo y el retorno a Montevideo, se permite en la interpretación siempre justa y precisa de Cecilia Roth, el construir una imagen sólida sobre una mujer que pudo sobreponerse al dolor, al miedo, al pasado, y que pese a todo no olvida, y que decide por eso regresar a su país desde el lugar en el que se exilió para señalar con el dedo a aquellos que le negaron la posibilidad de continuar no sólo luchando por ideales, sino, principalmente, el de realizarse como madre a pesar de todo.

Migas de pan es una película dolorosa pero necesaria, cruda, pero real, que prefiere evitar lugares comunes para consolidar su mirada en la solidaridad del espacio de reclusión como posibilidad para aferrarse a algo ante tanto horror y muerte, y en esa dirección construye un discurso sobre el pasado, sobre la imposibilidad de evadir la naturaleza política del hombre ante la inevitabilidad de que, aun sabiendo el alcance de algunas consecuencias, siendo fiel a sí mismo, se puede seguir luchando. De visión imprescindible.

7.0

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