Emiliano Basile
26/04/2017 14:27

En el momento justo llega este largometraje, el segundo dirigido por el actor Daniel Hendler (Norberto apenas tarde), sobre la campaña de marketing que impulsa el hijo de un poderoso empresario para lanzarse en política.

El candidato

(2016)

Martín Marchand (Diego de Paula) piensa lanzarse en política de manera independiente al partido que apoya su padre. Para eso contrata un equipo que ingresa casi en secreto en la inmensa casa de campo propiedad de su familia. Entre ellos, el sonidista Leo Mardones (Roberto Suárez), la coordinadora general Laura Ambrosio (Ana Katz), especialistas en redes y el diseñador gráfico Mateo Borrás (Matías Singer). Ellos son observados por el equipo asesor del futuro candidato (Alan Sabbagh, César Troncoso) con rigurosidad, hasta por el siniestro mayordomo (José Luis Arias), propio de un cuento de Edgar Allan Poe.

La coproducción uruguaya-argentina El candidato (2017) es de una actualidad arrolladora. Sin dar nombres –el MM de las iniciales del candidato- está hablando con claridad de la política en tiempos de redes sociales, en donde la imagen construida por el político vale más que cualquier listado de promesas de campaña. En ese punto la película es incisiva, haciendo foco con gracia en las distintas cualidades marketineras propuestas: el spot al aire libre, la figura descontracturada, la ausencia necesaria de ideología, etc. Situaciones que invitan a la sonrisa del espectador que entiende la referencia.

Pero con el mismo énfasis que el film elabora pequeños y efectivos momentos de humor, también desarrolla un temor latente. La casona donde suceden los hechos junto a sus funestos personajes demuestra que la imagen construida por el spot dista absolutamente de la realidad política, en la que los métodos mafiosos de extorsión siguen imperando detrás de una amigable sonrisa. La hipocresía llevada al límite contrapone la imagen ideal construida con detalle para TV con un modus operandi similar al utilizado por las estructuras de poder más primitivas.

Daniel Hendler produce un discurso fílmico alejado del panfleto y la denuncia explícita. Con un argumento inteligente y suspicaz, con algunos toques simbólicos, establece una mirada contundente sobre la política contemporánea y sus víctimas (los idealistas) en un particular año electoral en Argentina.

8.0

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