Juan Pablo Russo
23/04/2017 13:55

El portugués João Pedro Rodrigues regresa al largometraje tras la magistral Morir como un hombre (Morrer como um homem, 2009) con una fuerza majestuosa gracias a O ornitólogo (2016), un viaje iniciático hacia la búsqueda de uno mismo.

O ornitólogo

(2016)

Fernando decide enfrentarse a la naturaleza contaminada de Tras-os-Montes en busca de cigüeñas negras, una especie en vías de extinción. Mientras observa a estos animales salvajes a bordo de su canoa, naufraga. Salvado milagrosamente por dos turistas chinos que están recorriendo el camino hacia Santiago de Compostela, escapa al bosque a la espera de encontrar el camino de regreso. El bosque, salvaje y misterioso, no tarda en mostrar su lado oscuro, sembrando a su paso obstáculos y encuentros cuando menos inquietantes. El suyo será un viaje iniciático hacia la búsqueda de sí mismo, de una iluminación mística pasoliniana, de lo pagano a lo divino.

João Pedro Rodrigues es un maestro incontestable en el arte de la metamorfosis, de la confusión y del surrealismo. Hombres y animales, pasado y presente, vida y muerte, dolor y erotismo, realidad e imaginación son los dualismos que motivan O ornitólogo, un film onírico que mezcla a sabiendas apocalipsis y misticismo. El director explora los puntos de contacto entre las diferentes realidades existenciales, se adentra en el subconsciente del protagonista como si quisiera extraer por cirugía su esencia. El bosque, peligroso pero fascinante, y la belleza majestuosa de los animales que lo pueblan se convierten en la encarnación misma del mundo interior de Fernando: ambiguo, lacerado, sensual.

El punto de partida de su última película es San Antonio, figura fundamental y omnipresente de la sociedad y la cultura portuguesas. O ornitólogo nace de la voluntad del director de entender de qué manera este Santo protector, tan querido en su tierra, vive dentro de él. Fernando (al que podríamos considerar como un San Antonio en devenir) encarna literalmente esta búsqueda de espiritualidad (totalmente vacía de religiosidad), esta sed de transformación que lo lleva hasta la fuente de su propio deseo. El director apoya su historia en algunos hechos biográficos ligados a San Antonio: la fascinación por la naturaleza y los animales, el naufragio, el haber salvado a un hombre gracias a su soplo mágico, enriqueciéndolo inmediatamente después con la propia imaginación y las propias vivencias.

O ornitólogo es una película en la que nada es como parece, aunque todo es aparentemente posible, como en una leyenda que pertenece al pasado aun siendo aún increíblemente moderna. El bosque encarna este más allá imaginario donde el catolicismo, la superstición y la tradición se mezclan misteriosamente, sin pudor. La idea misma de religión se discute, como si de improviso e inesperadamente se le quitara la máscara. ¿No forma parte quizá también la religión de un mundo fantástico inventado por nuestra imaginación? Fernando vive en su piel una experiencia humana que limita la realidad y la ficción, a caballo entre el misticismo y el paganismo, todo ello condicionado por un impactante manto erótico. Un film blasfemo, regenerador y necesario.

9.0

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