Emiliano Basile
30/03/2017 17:04

El documental David Lynch: The Art Life (2016) no se basa en la filmografía del gran David Lynch sino en su obra plástica. De igual modo es un acercamiento interesante a sus temáticas recurrentes, su estética de pesadilla y dilemas de autor.

David Lynch: The Art Life

(2016)

En el mundo del cine pocos lo saben: David Lynch es un autor que abarca varias expresiones artísticas en su obra. El cine, es tal vez el arte que mejor plasmó su interior tormentoso pero también indagó en el formato de la televisión con Twin Peaks, la web desde su portal y las artes plásticas, tanto pinturas como esculturas que trabaja a diario –y aún hoy- en su taller ubicado en su propio domicilio. El documental de Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm es un recorrido al interior del universo creativo del director de Terciopelo Azul (Blue velvet, 1986). Desde la intimidad de su espacio de trabajo, la elaboración de sus pinturas y esculturas, hasta la puesta en palabra de sus intenciones artísticas.

La película cuenta sus inicios creativos en la adolescencia, su formación artística, su primera exposición, la particular recepción de su curiosa obra (desde pinturas hasta esculturas pasando por puestas audiovisuales que trascienden el formato) para finalizar con la gestación de su primer largometraje Eraserhead (1976) aquel en donde, mediante el lenguaje del cine, puede profundizar sus inquietudes de autor con mayor efectividad.

Esta producción viaja al interior de un avejentado David Lynch a quién obliga a hacer un recorrido introspectivo por su universo creativo. Reflexivo y cansino, el hombre oficia de narrador de su propio documental, y nos cuenta sus experiencias con naturalidad, como si ciertas prácticas fundamentales para su obra fuesen producto de la casualidad. Es interesante ver la gestación de sus particulares bocetos en su taller, como una especie de abuelito construyendo un juguete de madera para su nieto, David Lynch realiza por una necesidad vital de expresarse –así lo comenta- sus pinturas que vomitan sangre, por citar un ejemplo.

Quizás le falte a este trabajo indagar aún más en el mundo cinematográfico del multifacético autor, aquel que tantos halagos le deparó y por el cual renegó tanto después. Sus experiencias de realización audiovisual tienen tantas anécdotas detrás como interpretaciones sus films. Tal vez sea material para otro de los documentales acerca del director de El camino de los sueños (Mulholland Drive, 2001), de esos que andan dando vueltas por festivales de cine.

7.0

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