Juan Pablo Russo
05/03/2017 13:23

La alemana Maren Ade construye con Toni Erdmann (2016) una comedia que pone de manifiesto el cortocicuito entre un padre sexagenario y una hija ambiciosa, capaces de todo para logar sus cometidos. Galardonada por FIPRESCI como la mejor película del año y premiada en todo el mundo, Toni Erdmann es arriesgada, solvente narrativamente y respira cine por todos sus poros.

Toni Erdmann

(2016)

Toni Erdmann hilvana con paciencia su trama en torno a un tema tradicional como puede ser el deseo de un padre por acercarse a su hija, radicada en otro país y miembro de una consultora internacional, y cortocircuita permanentemente su hiperrrealismo, cuidadosamente trabajado, con impulsos perturbadores y cómicos íntimamente ligados a la personalidad de uno de los dos protagonistas, un padre que llegará hasta a hacerse pasar por otro para conseguir penetrar el caparazón de su hija. Una enorme broma, casi disparatada, que se metamorfosea en una especie de lucha de poder donde el humor y el amor intentan espantar la frialdad y liquidar las distancias. La película juega con el funambulismo hasta llegar a veces al borde de la pérdida del equilibrio y debe mucho al talento de sus actores: la fascinante actriz alemana Sandra Hüller y Peter Simonischek.

"Contraté a una hija que sustituyera a la mía. Ella cocina mejor y me corta las uñas". Ese es el tipo de bromas que a Winfred le encanta hacer en presencia de Ines, la principal interesada, especialmente en las circunstancias más incómodas (en medio de una reunión de negocios de su hija, consultora de una gran empresa internacional y afincada en Bucarest). El hombre sexagenario tiene muchos más recursos bajo la manga en lo que se refiere a chistes, lo que inquieta especialmente a Ines. Su padre se separó de su madre hace tiempo y ahora no lo ve más que de vez en cuando por Skype. Ahora, resulta que se ha presentado sin avisar en la capital rumana. Pero la mujer joven tiene otras cosas de las que preocuparse en su trabajo (proyecta la reestructuración de una gran empresa) y en su carrera, donde la ambición reina como una tirana.

Winfried toca una fibra sensible al preguntar por la felicidad de Ines, que directamente lo manda al aeropuerto. Cuál no será su sorpresa cuando el otro se presenta de vuelta disfrazado bajo el nombre de Toni Erdmann y comportándose de manera tan alocada como su anterior encarnación, Winfried. Toni/Winfred parasita la vida pública y privada de su irritada hija  y su ofensiva acabará teniendo éxito hasta tal punto que Ines tira la toalla y decide entrar al trapo de su padre: un juego de rol que tomará proporciones increíbles, un enfrentamiento de concepciones de la vida en el que cada movimiento remueve las emociones más profundas y personales.

Maren Ade avanza sobre el filo de la navaja con una temática que podría prestarse natural y fácilmente a muchos pasos en falso pero consigue mantener la distancia y ponerse una meta emocionante que da crédito a la paciencia del espectador con una puesta en escena que se toma su tiempo para dar sentido a los silencios de manera que la soledad interior de los dos personajes vuelva a primer plano. Con su mezcla de la burla "bigger than life", la ternura humanista y el retrato de la dictadura del rendimiento en las grandes empresas modernas, Toni Erdmann es un prototipo cinematográfico realmente especial, una curiosidad atrevida que muestra el carácter sutilmente original de una directora que tiene de todo menos miedo.

10

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