Emiliano Basile
29/11/2016 16:11

La nueva película de Clint Eastwood puede pensarse en diálogo con su film anterior, Francotirador (American Sniper, 2014), otra incursión del director en la figura del héroe pero desde la óptica inversa.

Sully: Hazaña en el Hudson

(2016)

Basada en un hecho verídico y escrita por Todd Komarnicki, Sully: Hazaña en el Hudson (Sully, 2016) relata los acontecimientos posteriores al aterrizaje forzozo del vuelo 1549 de US Airways llevado a cabo por su piloto, el Capitán Chaesley “Sully” Sullenberger (el eterno ciudadano medio americano que interpreta Tom Hanks). Las indagaciones legales y éticas sobre la decisión de este hombre -de aterrizar en el río Hudson luego de que una manada de pájaros destroce las turbinas de su avión-, son el motor de este film.

Francotirador ponía en relieve la figura del héroe mediante un soldado de la guerra de Irak encargado de exterminar cualquier amenaza para el cuerpo de marines. Al regresar a su país, Chris Kyle (Bradley Cooper), es consagrado héroe de la patria a pesar de tomar una serie de decisiones éticamente cuestionables al eliminar varias vidas. El Capitán Chaesley “Sully” Sullenberger hace lo opuesto, un hombre que también sigue los protocolos –en este caso de aviación, no militares- elige salvar las vidas abordo y aterrizar su avión sobre un río. La compañía lo somete a una audiencia pública cuestionando si su decisión aventurada fue la correcta.

Ambas películas comienzan con un hombre ante una opción trascendente: en Francotirador decide si matar o no a la distancia a una madre con su hijo para evitar un atentado terrorista. El tipo duda, recibe una orden pero la elección ética/moral pasa por sus manos: debe o no hacerlo. Toma el riesgo, y afronta las consecuencias. En Sully: Hazaña en el Hudson pasa algo similar, un piloto en caída libre debe optar en arriesgarse a volver al aeropuerto o intentar un aterrizaje forzoso en un río para salvar su vida y la del resto de los 155 pasajeros. También duda, elige y asume consecuencias.

La diferencia entre ambos films está en el reconocimiento: El protagonista de Francotirador regresa a su país como un héroe luego de matar a 255 insurgentes siendo el francotirador más letal de Estados Unidos, consagrado por los medios y la sociedad, afrontando él mismo las consecuencias de su actos psicológicamente. El de Sully: Hazaña en el Hudson en cambio, es cuestionado y puesto en duda luego de evitar 155 muertes. El primero mata 255 personas, el segundo salva 155. Chris Kyle tiene la impunidad dada por la distancia de la mirilla de su arma al objetivo, en cambio Sully es cuestionado justamente por la distancia y frialdad de los informes técnicos del accidente (el simulador del vuelo, el protocolo de seguridad). La clave está en el factor humano dice el film con reminiscencias a El vuelo (Flight, 2012), aquel que juzga y desde dónde lo hace. Uno es visto a la distancia como un héroe, el otro juzgado a la distancia como un irresponsable hasta que se demuestre lo contrario.

Clint Eastwood hace una película pequeña y efectiva, cerrando las dudas planteadas en su anterior Francotirador. Logra una vez más, preguntarse mediante un relato clásico, contado desde las sensaciones atravesadas por su protagonista, qué es un héroe para la sociedad americana contemporánea, enalteciendo la hazaña y el sentido patriota sin edulcorantes bélicos.

No es la primera vez que el actor de Harry, el sucio (Dirty Harry, 1971) vuelve sobre la figura del héroe en su rol de director. Lo hizo en La conquista del honor (Flags of Fathers, 2006), al mostrar la puesta en escena de la imagen consagratoria de la Segunda Guerra mundial, en Los imperdonables (The Unforgiven, 1992), un western que se cuestiona el sentido de matar, y en Gran Torino (2008), donde redime a un racista ex veterano de la guerra de Corea interpretado por él mismo con un bíblico final. Un tema que lo inquieta como autor cinematográfico y no duda en doblegarlo y repensarlo una vez más. 

8.0

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