Benjamín Harguindey
21/11/2016 18:02

Película de procedencia israelí, Personas que no son yo (2016) está dirigida, escrita y estelarizada por Hadas Ben Aroya, quien compone el turbio retrato de una mujer irónicamente apodada Joy (‘dicha’ en inglés). La primera escena del film la tiene desnuda implorando a la cámara (de su computadora) por la atención de un viejo novio. Luego se cruza “casualmente” por la calle con Nir (Yonatan Bar-Or), que está menos excitado que ella por el reencuentro, y acepta citarse con ella como quien sigue un juego.

Personas que no son yo

(2016)

La película se centra en el penoso esfuerzo de Joy por tener una relación íntima con Nir o cuanto extraño se ofrezca a reemplazarle. Joy vive en un estado de negación alarmante. Le canta coquetamente “You Don’t Own Me” a su pareja pero entra en shock cardíaco cuando una ex novia se identifica en su presencia. Él es igual de bipolar. Una y otra vez rehúye la compañía de Joy, insistiendo en que no quiere involucrarse con gente por miedo a lastimarla, pero luego la interroga nerviosamente si ha tenido o no relaciones con otras personas.

Todo esto es duro de soportar pero la impresión es que el film está diseñado para ser deliberadamente extraño e incómodo, escenificando la trágica desconexión entre dos personas que no saben muy bien lo que quieren del otro y se arman camino a tientas, más que nada por la enfermiza compulsión de uno de ellos.

Charlan, beben, bailan, tienen sexo, se drogan juntos y se confían inseguridades con una soltura íntima y realista. Pero verlos en estos estados de forzosa intimidad produce un efecto adverso - reconocemos las interacciones como humanas pero la expectativa casi infantil de Joy las vuelve repulsivas. Es como si tuviera muchas ganas de sentir algo que no comprende del todo, y toda escena concluye en distanciamiento y soledad: por más intimidad que Joy busque (sus intentos se vuelven más y más desesperados) al final del día está forzando una relación que él no quiere tener y de la cual ella depende enfermizamente.

El golpe de genio del film es que termina en el momento exacto en el cual comprendemos de dónde proviene esa dependencia, y dura lo suficiente para demostrar cuan enfermiza era esa dependencia. Es difícil recomendar una película por su final porque no se puede hablar mucho de él sin arruinarlo; basta decir que es de la calaña de El hombre duplicado (Enemy, 2013), en el sentido en que abre un mundo de posibilidades terroríficas y corta justo en el punto en el cual podemos saborear el vértigo.

8.0

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