Emiliano Basile
21/11/2016 13:19

No se trata de una Volver al futuro (Back to the future, 1985) clase Z local, pero No sabés con quién estás hablando (2016) presenta dos personajes muy divertidos unidos para “zafarla” en clara sintonía con los perdedores de cualquier barrio del conurbano bonaerense. Uno es el adolescente “vagoneta” (Martín Tchira), el otro el chanta farandulero (Germán de Silva) que se adjudica grandes invenciones. Así, como Marty y el Doc, tendrán secretos y debilidades al enfrentarse a la mafia del “viejo” (Héctor Bidonde).

No sabés con quién estás hablando

(2016)

La expresión “No sabes con quién estás hablando” remite a otra, propia del lunfardo barrial que se palpita en la película de Demián Rugna “quién la tiene más larga”, proveniente del tipo que reclama respeto a fuerza de prepotencia. Con ese título, el director de Malditos sean! (2011) se sumerge en el microuniverso de personajes impresentables que habitan los vecindarios, pintorescos y carismáticos aunque sea mejor perderlos que encontrarlos.

La película toma los elementos del cine de terror clase B para contar la historia en un contexto bien criollo, el mayor logro distintivo del film. Aquí no serán las casonas embrujadas ni el humo del cementerio imitando al cine de bajo presupuesto de Roger Corman -por citar un ejemplo- sino la incorporación de “lo bizarro” a la idiosincracia nacional. De esta forma la película adquiere autonomía y se distancia de la imitación, al describir algo que conoce y se encuentra a la vuelta de la esquina.

Juan (Martín Tchira) es un perdedor nato. Vive con su madre a los 26 años y pierde el tiempo jugando al Play Station con su amigo el gordo, otro freak como él. Juntos trabajan repartiendo volantes para el viejo (Héctor Bidonde) que los manda a seguir por “el buche” para que no se deshagan de los papelitos en la calle. Un día se topa con Romano (un genial Germán de Silva), quién lo engatusa con sus propuestas patéticas para que trabaje junto a él. La más seductora es la que incluye al auto que Juan recupera vendiendo todas sus pertenencias. Cuando el “fierro” desaparece, se embarcan en planes ridículos para recuperarlo hasta un duelo final con los coches enfrentados al estilo Volver al futuro.

No sabés con quién estás hablando sigue el derrotero delirante de estos patéticos personajes, con ritmo y humor bizarro la película logra buenos momentos: el freak de los efectos especiales y el disfraz de Depredador (Predator, 1986) son un ejemplo. Hay un conocimiento de ese micro universo y grandes personajes muy bien caracterizados -reiteramos que lo de Germán de Silva es genial- para hacer un producto de entretenimiento que incorpora elementos de otra cultura a una historia bien argenta.

7.0

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