Ezequiel Obregón
20/11/2016 17:52

Cinco años después de haberse alzado con el premio mayor en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata para su película Abrir puertas y ventanas (2011), Milagros Mumenthaler presenta en la Sección Autores su más reciente film, La idea de un lago (2016).

La idea de un lago

(2016)

A partir del libro de poemas y fotografía Pozo de aire de Guadalupe Gaona, Milagros Mumenthaler imaginó la historia de Inés (Carla Crespo), una fotógrafa que escribe un libro sobre su pasado mientras se aproxima el nacimiento de su primer hijo. Su presente parece una prolongación del pasado, un tiempo suspendido tras la desaparición del padre. La realizadora no se detiene en la cuestión política documental; su mirada se concentra en la decisión –promovida por Inés- de aportar los datos genéticos para que ese pasado, quizás, pueda ser esclarecido. Por su parte, su madre (interpretada por Rosario Bléfari) mantiene una postura reticente.

Manteniendo el registro intimista de su ópera prima, Mumemthaler ofrece un relato disruptivo, que se corre un poco de ese eje para plasmar la mirada de la niña Inés sobre aquel hombre que devendría en su obsesión. Yendo y viniendo hacia distintos momentos del pasado (con una fluidez notable), la película muestra los diversos pliegues de sentido que implicó esa ausencia. De alguna forma, el foco está puesto en Inés pero las opiniones y resoluciones del hermano y de la madre sirven para contrastar sus “verdades subjetivas”; verdades que -de algún modo- la joven intenta pronunciar con la escritura de su libro.

La fotografía no es aquí un elemento más. No sólo porque sirve para graficar distintas épocas, sino porque aporta una textura que construye –sobre todo- una imagen de la infancia. Aún en el pasado, el padre aparece como un registro fotográfico, como una “presencia pequeña”, casi como si esos momentos fueran la transpolación en la pantalla de las vivencias de la protagonista. Su búsqueda es también una búsqueda identitaria, una manera de indagar el pasado para poder construir desde allí. El espacio de la infancia parece enteramente consagrado a la casa del bosque en la que está el lago del título, lugar que le da una riqueza de sentidos enorme al film, sobre todo en cuanto al espíritu lúdico que aparece claramente marcado.

El presente de Inés la muestra indecisa alrededor del vínculo con el padre de su hijo, del que se ha separado; una pista para entender cómo se vincula su actualidad con su biografía toda. La idea de un lago es una película profundamente dolorosa pero no necesariamente triste; funciona como un acercamiento a las consecuencias de la dictadura cívico militar de una forma pocas veces vista en el cine nacional; como un diario íntimo, oscilante entre lo verídico-fáctico y la pluma más poética.

8.0

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