Emiliano Basile
19/11/2016 19:52

“Neruda es una falsa biopic” declaró su director Pablo Larraín, y vaya si lo es, debido a la lejanía que presenta con el imaginario de biopic que estandarizaron los norteamericanos a través de su cine.

Neruda

(2016)

En primer lugar, no se trata de la vida de Neruda (Luis Gnecco) contada en tiempo cronológico, el film se detiene en el momento que es perseguido como fugitivo por el gobierno chileno de Gabriel González Videla. Segundo: se aleja de la figura icónica del poeta romántico y, contrariamente a lo que toda biopic haría, aborda su posición política militante como base para entender su personalidad. Y tercero, el propio Pablo Neruda no es el protagonista absoluto de la historia.

Neruda comienza con una discusión política entre senadores (Neruda es uno de ellos) en un baño. La cámara gira a su alrededor y el hombre expone su visión comunista que confronta a la aristocrática mirada del resto. Varias cosas quedan planteadas en esa escena: que la película no será una versión dulcificada de Neruda, y que está interesada en mostrar todo lo que sucede por fuera del ámbito público del reconocido personaje.

La película está narrada por un policía gubernamental (Gael García Bernal), encargado de apresar a Neruda en el Chile de 1948. Por tal motivo, la mayor parte del film sigue la forma de un policial. Quien describe el relato, nos da un punto de vista reaccionario sobre el poeta al que no comprende ni artística, ni políticamente. La búsqueda del fugitivo será la forma de acercarse -y acercarnos- al personaje. En el punto de vista elegido, el discurso establece una posición de conflicto con el espectador: el personaje de Neruda no le genera empatía, tampoco el del policía. Sin embargo será la tensión de eternas posturas sociales chilenas las que elige el guión de Guillermo Calderón mostrarnos. Por un lado el comunista que goza de una comodidad burguesa; por el otro, el empleado que sostiene un discurso reaccionario que beneficia los intereses aristocráticos. Esa confrontación de identidades requieren de un espectador activo que siga con atención tales dilemas. En ese punto, el relato lo incomoda y hasta corre de su situación de confort.

En su construcción formal el film no deja de ser interesante -no por eso atractivo ni mucho menos carismático- jugando con una puesta artificiosa, que incluye constantes fragmentaciones temporales en el mismo espacio, cambios de punto de vista, back projection evidentes, y sobre el final, el cambio de registro genérico: la película deja el policial para sumergirse en el western. No es antojadizo, la tensión hermética del cine noir con identidades cambiantes, comienza a esclarecerse tanto filosófica como existencialmente, con dos hombres enfrentados en el espacio por la supervivencia del más apto.

No sólo eso, la creatividad del poeta aparece en la forma del film, haciendo de su narración literaria una forma de contar no literal, es decir, asume la fantasía como una manera de mirar el mundo al mezclar fantasía con realidad. Es también en este último punto cuando el guión quiere ser más poético que el poeta que representa, haciendo el artificio evidente y la comprensión del film puramente cerebral.

Interesante y compleja, fría y pretensiosa por igual es Neruda. Interesante por el riesgo formal que asume en su construcción. Fría por dejar de lado todo tipo de conexión emocional con la obra y el poeta que le da nombre a la producción. En fin, genera admiración y rechazo con la misma fuerza.

7.0

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