Juan Pablo Pugliese
10/11/2016 16:47

No te olvides de mí (2016), la ópera prima de Fernanda Ramondo, es una road movie que cumple con los requisitos del género y donde los personajes expresan más con la mirada que con la palabra.  

No te olvides de mí

(2016)

Mateo es un inmigrante italiano que sale de la cárcel en el verano de 1934. Con su pasado a cuestas, se dedica a robar gallinas y emprende la búsqueda de “El Rey”, un gallo que le permitirá ganar cualquier riña en la que participe. El azar pone en su camino a Aurelia y Carmelo, dos hermanos que van hacia el sur en busca de su padre.

Fernanda Ramondo, guionista de El hijo buscado (2014), dirige su primera película y contó con Leonardo Sbaraglia en el rol de Mateo, un tipo que no deja las mañas pero que no será el mismo luego de emprender el viaje y cruzarse con los dos hermanos.

Ramondo evita la vía fácil: no se deja seducir por la inmensidad de la llanura pampeana y deja a un lado los paisajes para centrarse en los personajes. En las miradas y, sobre todo, en los silencios. Se queda con aquello que no se dice pero que se expresa a través de una puesta en escena sobria y cargada de tensión por las relaciones del pasado que emergen de una breve conversación o de unas fotografías.

En la crítica de Camino a La Paz (2015), la ópera prima Francisco Varone, Roger Koza definió a las road movies con precisión quirúrgica. Allí decía que la premisa de una película de este tipo es que los espectadores viajemos junto a los personajes y que, en el camino, aprendamos algo con ellos. Los protagonistas no serán los mismos al final del trayecto y nosotros tampoco.

Esto se cumplía en aquel film y en No te olvides de mí sucede lo mismo. Ramondo se apega a las normas y el resultado es una película amena que discurre de forma natural. 

8.0

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