Juan Pablo Russo
15/04/2016 11:51

El cine argentino abordó los años de la última dictadura cívico militar desde diferentes estéticas y narrativas que dieron origen a más de un sinfín de películas. Desde la sutileza de Adolfo Aristarain en Últimos días de la víctima (1982) hasta la explicités de Héctor Olivera en La noche de los lápices (1986), los años más oscuros de la historia argentina tuvieron su lugar en el cine hasta la saturación de ideas. ¿Cómo encontrarle una vuelta de tuerca a un tema del que tanto se habló, se escribió y se filmó? La respuesta tiene nombre y se llama La larga noche de Francisco Sanctis (2016), la película argentina que participará en el 69 Festival de Cannes es completamente diferente a todo lo ya visto. Inteligente, sutil y de un nivel artístico y técnico que sorprende.

La larga noche de Francisco Sanctis

(2016)

Buenos Aires a finales de los 70. Francisco Sanctis (soberbia actuación de Diego Velázquez) es un cuarentón, trabaja en un mayorista de alimentos mientras espera un ascenso que nunca llega, está casado, tiene dos hijos, su vida es bastante rutinaria y nada parece perturbarlo. Un día recibe un llamado de una vieja amiga que quiere encontrase con él casi con urgencia. Él acude rápidamente y ella le dice dos nombres, una dirección y le encarga una misión. Es una pareja que esa misma noche será chupada por los servicios y a los que Francisco Sanctis tendrá la posibilidad de salvar. ¿Se animará este hombre gris a tomar las armas, metafóricamente hablando?

Construido como un thriller político minimalista, La larga noche de Francisco Sanctis resulta un verdadero hallazgo tanto formal como narrativo. La trama sigue el punto de vista del protagonista y cómo él ve y siente lo que en ese momento está sucediendo. Por eso, en un principio, todo parece transcurrir de forma normal, pero a partir de ese encuentro su perspectiva del exterior cambia y la película se vuelve oscura, tenebrosa, inundada por el terror que siente. Si uno tiene la posibilidad de ver la película varías veces notará que el entorno es igual siempre, lo que cambia es como lo ve el protagonista y como lo transmite. Si el ejemplo fuera una paleta de colores Francisco ve el afuera blanco, luego gris, para llegar finalmente al negro.

Sin duda, La larga noche de Francisco Sanctis, basada en la novela homónima de Humberto Costantini, es una película de personajes y donde toda la carga está puesta en el protagonista, pero donde también resulta importante el uso del sonido y la luz en la generación de climas, y en la decisión formal del binomio de directores de filmar casi todas las escenas sin cortes y con planos muy a lo Alfred Hitchcock, estilo que remite al cine de suspense de los años 60 y 70.

Andrea Testa y Francisco Márquez (Después de Sarmiento. 2014) logran una película sobre la dictadura sin la necesidad de recurrir a ningún elemento visual que la identifique. No hay militares, no hay campos de concentración, no hay discursos en la televisión ni la radio, no aparece el Mundial 78, la Guerra de Malvinas, nadie detiene a nadie en la calle, no hay tiros, enfrentamientos... No hay nada. Todo está en un permanente fuera de campo. Solo un pequeño diálogo en un auto en el que se mencionarán una dirección y dos nombres a los que el ejército se llevará. La película más política con menos política que el cine dio en mucho tiempo. Una genialidad.

9.0

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