Juan Pablo Russo
21/02/2016 12:48

John Crowley, que en su currículum cuenta con la dirección de un par de capítulos de True Detective, es el hacedor de este fallido drama romántico, nocivo ideológicamente, donde una joven muchacha irlandesa corre en busca del llamado “sueño americano”.

Brooklyn

(2015)

Eilis Lacey (la nominada al Oscar Saoirse Ronan) vive en la Irlanda de los años 50. Sin trabajo, amores, y con el único lazo familiar de su madre y hermana, decide emigrar hacia Brooklin en los Estados Unidos de América. Una vez instalada la espera un trabajo, nuevas amigas, un joven italiano que la corteja y todo lo que siempre imaginó tener. Al comienzo la melancolía por su país la abruma, pero con el correr del tiempo pasará y la vida será tan bella que ya nunca más querrá volver. Pero un día Eilis recibe la noticia de la repentina muerte de su hermana y deberá partir nuevamente hacia Irlanda. En su país de nacimiento la esperan con bombos y platillos. Eilis ha adquirido un estilo neoyorquino único y ya no es la pobre fracasada que un día vieron partir sino la exitosa que cumplió sus sueños (o al menos lo que vende). Por eso ahora si le ofrecerán trabajo, sus viejas amigas se desvivirán por estar con ella y el soltero más codiciado le tirará todos los galgos ¿Pero qué es lo que ella quiere?

Brooklyn (2015) es la típica película pro yanqui, de esas que como un comercial  vende la historia del sueño el americano, el país de la libertad, donde todo es posible y los deseos se hacen realidad. Un país que recibe a los inmigrantes con los brazos abiertos, trata bien a todo el mundo y sobran las oportunidades laborales, Más que una película pareciera ser un comercial de las ventajas de vivir en Estados Unidos. El discurso que quiere instalar es tan obvio que uno no puede parar de sentir que todo es una tomada de pelo. La luz que envuelve a la protagonista cuando cruza la puerta de migraciones para ingresar a  yankilandia es de un mal gusto incomprensible, al igual que el  travelling usado para marcar la elipsis del viaje de regreso a Irlanda. Ni un principiante utilizaría un recurso estético tan simplista.

Saoirse Ronan más que una actriz parece una modelito que se pasea por una pasarela mostrando la veintena de vestidos fifty que luce a lo largo de toda la película. Su (falsa) heroína es una mitómana que no para de engañar a todos con su actitud inocente. No solo miente en la película sino que su actuación es una mentira. Recurre a todos los clisés a los que una buena actriz les escapa. Su nominación al Oscar es tan incompresible como todas las que consiguió Brooklyn.

Sin duda Brooklyn es uno de esos blef que todos los años Hollywood  vende de la misma manera que la historia trata de vender la idea del sueño americano. Por suerte ya no nos dejamos engañar (o al menos los que no queremos creer en este tipo de historias).

4.0

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