Emiliano Basile
06/11/2015 10:34

El debut en la dirección de Gabriel Ripstein, hijo de Arturo Ripstein, marca un camino propio y a la vez una diferencia significativa con el cine de su consagrado padre. 600 millas (2015), en competencia latinoamericana del 30 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y en Horizontes latinos del 63 Festival de San Sebastián, describe el universo armamentista del sur de Estados Unidos en su tan cinematográfica frontera con México.

600 millas

(2015)

La primera imagen del film nos introduce en una armería, aquella en la que entra un adolescente norteamericano a comprar armas con una facilidad sorprendente. Sin información adicional, vemos al joven salir y dejar las armas en una camioneta conducida por otro chico, Arnulfo Rubio, un mexicano que se encarga de transportar “el encargo” como parte de un negocio ilegal. Un día empiezan a ser observados de cerca por el policía americano Hank Harris, que compone Tim Roth. La película va pasando de uno a otro punto de vista para no juzgar la situación y mostrar los diferentes aristas del tema. El conflicto se precipita y empiezan a rodar las 600 millas del título.

El policía, encargado de supervisar la compra de armamento, intercepta a los muchachos traficantes y termina siendo capturado por el joven mexicano. El chico lo transporta a territorio mexicano con el fin de llevarlo con su tío y jefe del negocio. Un extraño vínculo se genera entre ambos en un mundo desalmado y violento.

El film de Gabriel Ripstein acentúa la tensión, manejando la cámara con cautela, con silencios sórdidos y cautivantes. Pero no son los recursos utilizados lo que produce la mayor intranquilidad, sino la naturalidad en la descripción de los hechos. Vemos a los personajes comprar balas en un supermercado sin ningún tipo de cuestionamiento, o preparar la comida de manera cotidiana mientras se precisan situaciones aún más aberrantes. Es la naturalización de la inevitable tragedia lo que angustia, y la ceguera social al respecto.

Además de los chicos mencionados y el policía, están los familiares del mexicano, la mujer del policía, los policías fronterizos, los empleados de aduana. Toda una gama de personajes moviéndose con una impunidad asombrosa en un lugar donde la humanidad parece ausente. Desde ahí el director impone su mirada y marca con soberbia y agudeza su crítica sobre el tema.

En la similitud con el cine de su padre, Gabriel Ripstein construye el espacio también de forma laberíntica. No serán espacios interiores sino la frontera de un país con otro. No será el melodrama el género sino el thriller policial. Pero el fin es el mismo, escarbar en los mecanismos sociales que posibilitan estas situaciones, y obligar al espectador a reflexionar sobre ellos. 

9.0

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