Emiliano Basile
22/04/2015 16:39

Una película sobre la cinefilia que engrandece tiempos pasados se supone melancólica, al menos en apariencia. Pero nada más alejado de la nostalgia tanguera, Un importante preestreno (2015) tiene mucha onda, algo que sorprende desde el principio hasta el final, y es gracias al punto de vista de su director Santiago Calori.

Un importante preestreno

(2015)

La película anuncia ser “Una oral e improbable historia de la cinefilia porteña” y lo es de alguna manera, porque el tono, entrevistados y punto de vista está puesto en el motor que llevó a los argentinos a llenar las salas de los cines de la calle Lavalle entre 1960 y mediados de la década del ochenta. Motor impulsado muchas veces por la censura que prohibía películas convirtiéndolas en films de culto, o por la propia imaginación de distribuidores que aprovechaban la tendencia para transformar películas mediocres en éxitos de taquilla.

Santiago Calori apela al recuerdo colectivo signado por la fascinación que generaron ciertas películas, no por eso grandes obras. Justamente en ese imaginario la película universaliza sus temas a simple vista dirigidos a entendidos. Y lo hace con humor, ritmo y mucho dinamismo, sin presentar a los entrevistados –recién lo hace al final- para que las anécdotas acerca de la época sean lo primordial.

Un importante preestreno es un film genuino e inteligente, cuenta la historia que quiere todo cinéfilo, la del cine arte pero también la del cine de culto. Como si la pasión por el séptimo arte y la vocación de voyeur fueran la misma cosa (y tal vez lo sean). En este clima distendido, la figura del nefasto censor Paulino Tato deja de ser macabra y pasa a ser la de un pobre tipo que genera más lástima que temor. Tato era miembro del Opus Dei y en audio de archivo asegura hacer “cortes higiénicos” para llegar a su ideal de amputar 200 películas al año.

Este documental está dividido en capítulos temáticos sobre los temas hablados por los entrevistados. El momento sublime es cuando los distribuidores de antaño cuentan el cambio de nombre de películas mediocres o de explotación para sumarse al éxito comercial de un film masivo. Así El castillo de Frankenstein pasa a llamarse …Y después los perros en su versión local, o Julie Darling se estrena bajo el sugestivo título Déjala morir adentro, con un éxito arrollador de taquilla.

Por supuesto las anécdotas son acompañadas de imágenes de estos films, y del mismo modo las películas nacionales de explotación (Sucedió en el internado, Correccional de mujeres) que se sumaron a la tendencia en los ochenta. En este estilo se asemeja a los cinéfilos documentales Not Quite Hollywood (2008), Machete Maidens Unleashed! o Electric Boogaloo: la loca historia de Cannon Films (2014).

Los entrevistados son Fernando Martín Peña, Hernán Gaffet, Axel Kuschevatzky, Pascual Condito, Claudio María Domínguez, entre otros, y el gran Fabio Manes a quien está dedicado el film.

8.0

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