Juan Pablo Russo
17/04/2015 20:55

Jaime Rosales, director de películas como Las horas del día (2003), La soledad (2007), Sueño y silencio (2012), presenta su visión de cómo la crisis económica española repercute en los veinteañeros en su opus Hermosa juventud (2014). Un relato que muestra como el amor y el dinero no siempre van de la mano. Y que “contigo pan y cebolla” es solo eso, una frase que nada tiene que ver con la realidad.

Hermosa juventud

(2014)

Naty y Carlos son novios. Ella de 22 años está desocupada, duerme todo el día y cuando no lo hace se dedica a repartir curriculums, aun sabiendo que nadie la va a llamar. Carlos en cambio se dedica a hacer alguna que otra mudanza y a recoger escombros a cambio de unos pocos euros. Ambos son bellos, inteligentes, rebozan de energía, y en otro contexto económico sus vidas y su historia de amor hubieran tenido otro destino. Naty y Carlos llevan dos años juntos y están enamorados, tanto que incluso se animan a rodar una película porno amateur, para ganar dinero rápido. Pero un inesperado embarazo hará que todo se torne más duro. ¿Hasta cuanto podrá resistir la pareja cuando el trabajo no llega y el dinero no alcanza?

Hermosa juventud posee una fotografía tan cruda que no deja dudas sobre el realismo de la propuesta. Por cada uno de sus planos desfilan casas humildes con muebles en decadencia, barrios de la periferia y calles de acceso a Madrid. El lujo no es propio de los protagonistas y el glamour solo se verá en los programas de TV que miran como anestesiados mientras se ilusionan con un mañana tan lejano como un cuento de hadas.

Jaime Rosales, sigue fiel a su sello y estilo personal, cercano al documental y con una cámara en movimiento trabaja el fuera de campo y la suciedad visual; pero suma los avances tecnológicos e incorpora las redes sociales a través de chats por computadoras o teléfonos celulares y fotos digitalizadas para marcar el paso del tiempo y los cambios de espacio.

Hermosa juventud es un film duro pero querible. Los personajes la pasan mal, sufren, son humillados, pero tiene algo de esa forma de ver la vida en la juventud que nada es tomado a la tremenda sino como una posible solución para lo que les está pasando. Y esa mirada, entre trágica e ingenua, hace de Hermosa juventud una película querible que, a pesar de lo terrible de lo que cuenta, logra que uno como espectador no la pase tan mal como los protagonistas. Sino todo lo contrario.

9.0

Comentarios