Benjamín Harguindey
27/11/2014 21:14

¿Han oído hablar del miquilo? Es una criatura del tamaño de un niño más o menos, aunque puede tomar cualquier forma. Puede ser un perro, un burro, un ladrillo. Una persona lo describe como “un bulto negro con ojos rojos”. Otra dice que tiene la cara de Chucky. Se debate si es una extensión de Lucifer o el fantasma de un feto abortado. Todos los habitantes de Famatina concuerdan que lleva un sombrero negro. “Y que existe, existe”.

Los monstruos

(2014)

Los monstruos (de Juan Schmidt, 2014) reúne los testimonios documentales de los habitantes de la ciudad riojana entorno a este elusivo monstruo (miquilo o mikilo). Se habla de vez en cuando de la “luz mala” y otras apariciones endemoniadas, pero las historias sobre el miquilo dominan la mayor parte del documental, el cual está narrado deliciosamente por Eduardo Cutuli ("El mudo" en Polvareda, la película anterior de Schmidt), con una voz de ultratumba a lo Vincent Price.

Todos y cada uno de los entrevistados son firmes creyentes en el miquilo, y nos cuentan sus historias con absoluta certeza. El documental tampoco guarda lugar para la duda. Pero a pesar de toda esta parsimonia y velo de misterio, la película es más graciosa que temible. Es hilarante, por ejemplo, que una buena parte de los entrevistados aclare que estaban borrachos esa vez que vieron al miquilo (y que racionalicen que el miquilo suele aparecer ante los borrachos para castigarlos). Es más que sospechoso, también, que la gran mayoría de los avistadores de miquilos sean ancianos que lamentan su escueta memoria. Y que de todos los entrevistados, sólo a uno se le haya ocurrido fotografiar a la bestia, excepto que – ¡atiza! – la criatura no salió en la foto. Cosa de mandinga.

¿Es incorrecto ironizar la creencia de otros y desnudarla con lógica? Creo que no. Pero tampoco es correcto atacar la lógica de una obra de arte que no pretende tener lógica en primer lugar. Los monstruos es una obra de fe (y superstición). Esto es lo que creen los habitantes de Famatina, o al menos sus generaciones más antiguas. Hay que atesorar su cultura y su historia. La película nos da a entender que los encuentros sobrenaturales son cosa del pasado (quizás porque en una época en la que nuestros teléfonos sacan fotos, ningún relato fantástico que no presente evidencia fotográfica merece ser creído).

Lo que es incomprensible es que los ancianos se lamenten esta erosión cultural. Extrañan los sustos del miquilo. ¿Por qué? ¡Lucifer ha dejado de atormentar la población de Famatina! ¿No debería ser motivo de alegría que las fuerzas cósmicas del mal hayan abandonado La Rioja? Si se tratara del equivalente diaguita al unicornio sería una cosa, pero nadie da ningún buen motivo para lamentar la desaparición del miquilo de la fauna local.

7.0

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