Lucia Roitbarg
03/11/2014 14:24

Planta Madre (2013) es un film irregular. Los dos tiempos en los que transcurre la historia parecen dos películas distintas. Rock argentino, cumbia amazónica y un viaje de Ayahuasca tiene como leyenda el film. Esta mezcla de elementos resume una historia de la que muy poco se puede rescatar. Aunque pretenda reivindicar el espíritu del rock, tiene seria fallas argumentales que debilitan cualquier intento por conseguir un relato atrayente.

Planta Madre

(2013)

Diamond (Robertino Granados), un hombre cercano a los setenta años, viaja a Perú invitado por Pierina (Camila Perissé), la ex novia de su fallecido hermano Nicolás (Manuel Fanego). El y Diamond formaban a fines de los ‘60 una reconocida banda de rock argentino: Los Hermanos Santoro. Antes de morir, Nicolás tenía planeado un viaje a Perú para tomar ayahuasca con un viejo curandero llamado Solon. Ese viaje fallido es el que Diamond intentará concretar para honrar la memoria de su hermano y también para conseguir su propia curación espiritual.

Las escenas de Diamond y Nicolás durante su infancia, adolescencia y ya veinteañeros son lo más interesante de todo el film. El director reconstruye ese pasado tratando de explicar el presente. Las enseñanzas de Diamante a Nico, los primeros amores, el nacimiento de la banda, las peleas. Se puede afirmar que la verdadera tensión dramática del film se concentra allí, en aquellos míticos años, y el viaje de Diamond es una simple excusa para desarrollar aquella historia Por eso rápidamente Planta Madre se debilita argumentalmente. Porque nada emocionante sucede fuera del vínculo fraternal y las circunstancias de la muerte de Nicolás.

El novio de Pierina y su hermano conforman una subtrama de acción: droga, muerte y una persecución de por medio, pero que no convencen para nada. Muchas partes del film se justifican porque se muestran lugares exóticos de Perú y de la selva, pero no porque tengan valor dramático. Otro elemento que no ayuda al film es el personaje de Diamond, un hombre cansado de vivir que prácticamente se mueve por inercia. Vive atormentado por el recuerdo de su hermano. No acciona, es un simple espectador esperando el momento para tomar ayahuasca.

Algunas escenas parecen inconexas y sin sentido, y los personajes muchas veces caen en un limbo de clichés y diálogos forzados. A pesar de que el director consigue con las escenas de los dos hermanos una mirada interesante hacia el pasado, el resto del film no es convincente. Sólo sobrevive algo de música y la nostalgia por el rock and roll.

4.0

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