Emiliano Basile
17/09/2014 09:50

Manuel Nieto, director uruguayo de La perrera (2006), vuelve con un film coproducido con Argentina sobre un joven que busca su lugar en el mundo, establecer su propio camino, y en ese proceso de maduración, debe tomar decisiones vitales. En la descripción tan particular como compleja de su realidad, está lo mejor del film.

El lugar del hijo

(2014)

La película uruguaya El lugar del hijo (2014) narra las experiencias de Ariel (Felipe Dieste), un estudiante universitario con una leve dificultad motriz que debe viajar desde Montevideo en donde estudia, a su pueblo natal tras la noticia del fallecimiento de su padre. Allí encontrará un panorama complejo: las deudas heredadas y las personas que lo rodeaban y presionan, para tomar decisiones claves para su destino.

El relato esbozado en La perrera adquiere aquí mayor profunidad. La relación del hijo con su padre que parecía inscripta a un deambular abúlico de cierto cine de contemplación, en El lugar del hijo se dimensiona en un sin rumbo propio de las incoherencias de ideales, de proyectos en común, de entendimientos, bloqueados por intereses propios del individualismo.

Todo se vuelve cuesta arriba para Ariel: el conflicto de toma en su facultad en la que tiene un rol activo, la mujer que vivía con su padre que se instala en su casa natal, y el socio económico (Alejandro Urdapilleta) que desea cobrar sus deudas y ejecutar un campo que le pertenece. A esto se le suman sus nuevos y adolescentes compañeros de facultad, de la sede de su pueblo Salto. Sucesos que ponen en jaque su tranquilidad y principios.

La película describe el momento particular de la vida de un joven sin rumbo que no puede imponerse en un universo por demás complejo. Hay una descripción realista de situaciones, los hechos tienen tantas capas de complejidad como los personajes, y nada tiene una resolución facilista. La narración deambulará como su protagonista buscando su propio camino de vida: buscará afecto y compañeros de ideales, o de luchas, y raras veces los encuentre. Y lo hará sin juzgar nunca a las personas ni reclamarles nada a cambio. Pero Ariel también es imperfecto, y tiene que desenvolverse en ese universo particular.

Los distintos “escapes” que implementa (a la situación de toma, que se plantea sin definición por falta de cohesión interna entre los estudiantes, a la ciudad de Montevideo, a su casa natal donde ya no se encuentra, al campo de su padre, etc.) lo obligan a enfrentarse y a tomar las riendas –literalmente- de distintas situaciones para poder inclinarlas hacia sus objetivos.

Nieto ya había planteado en La perrera el deambular existencial del personaje central, en El lugar del hijo hace tal recorrido, con sonidos de hard rock expresando de la mejor manera la reacción contenida, y trazando hechos como capas de una misma personalidad a formatear.

Una film de tiempos, sensaciones y tensiones constantes, que funcionan en un nivel subterráneo del relato, pero que adquieren relevancia ante cada hecho concreto.

8.0

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