Juan Pablo Russo
20/05/2014 16:37

Leo Damario es un realizador al que en materia cinematográfica le gusta navegar por diferentes mares. Sus películas son todo lo opuesto a lo que hoy puede verse dentro del circuito cinematográfico local y eso lo ha llevado a convertirse en un director de culto. Tras las personalísimas Olympia (2011), Palmera (2012) y Los conquistadores (de la comedia) (2014), Damario da un paso más y concibe una ópera rock surrealista basada en el último disco de Andrés Calamaro, donde una mujer se pone en la piel del cantautor argentino.

Bohemia

(2014)

Bohemia (2014) narra el derrotero de una estrella del rock local (Carla Quevedo como alter ego de Andrés Calamaro) que tras la muerte de Luis Alberto Spinetta se sumerge en la oscuridad de un mundo paralelo para concebir lo que será su nueva obra musical. En esa búsqueda personal deambulará en una especie de viaje psicodélico por diferentes estados que nunca se sabrá si es producto de la ensoñación o la más pura realidad.

Filmada en blanco y negro, sin diálogos y con un cuidado especial en lo visual, Bohemia es una obra conceptual, que se divide en capítulos y en donde cada uno de ellos entra en relación directa con Bohemio, último trabajo de Calamaro. Pero más allá de esto, el film -el más lineal de la obra de Damario aunque cueste seguir el relato de manera clásica- tiene algunos elementos que lo vuelven interesante en su construcción como lo es el estilo surrealista que el realizador le imprime con escenas que remiten al cine de Ingmar Bergman, Federico Fellini, Luis Buñuel, Leonardo Favio y hasta la obra de Andy Warhol y Paul Morrisey.

En Bohemia Damario experimenta visualmente para llevarnos a una época en donde el arte se permitía ciertas concesiones que hoy resultan imposible de ver en pantalla. Tal vez lo más cercano sea el cine filipino con autores festivaleros como Raya Martin, John Torres o Brillante Mendoza. Aunque Damario pareciera estar en las antípodas de estos cineastas, su búsqueda es casi la misma. Tal vez la diferencia sea que unos son figurillas de festivales y Damario busque otros caminos. Pero desde la concepción cinematográfica hay más similitudes que coincidencias y eso lo convierte en autor valioso, tan personal como provocativo de la imagen.

8.0

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