Juan Pablo Russo
05/04/2014 19:24

Martín Shanly debuta en el cine con un impresionante retrato simbólico acerca del pasaje de la niñez a la adolescencia de Juana, presionada por su familia y la escuela para actuar como ellos quieren y no como lo quiere ella.

Juana a los 12

(2014)

Juana va a un colegio privado de formación inglesa y tanto ella como su entorno se mueven en un ambiente de clase media alta. Pero Juana está dividida en dos. Por un lado sus maestros se quejan por su bajo rendimiento, su falta de sociabilización y su indiferencia hacia todo, pero por el otro no se la ve ni conflictuada consigo mismo ni retraída. Hará lo imposible para ir a una fiesta a la que no fue invitada, en sus clases particulares demostrará que sabe más que su profesora y dejará su retracción social cuando lo crea necesario. Juana no quiere ser como todos y eso es lo que nadie entiende (o no quieren entender).

Juana a los 12 (2014) tiene muchas virtudes pero tal vez la principal sea el acertado casting del que sobresale Rosario Shanly, quien le brinda al personaje una serie de matices y cambios de estados con una naturalidad digna de destacar. Pero Shanly no está sola y la acompaña un elenco de jóvenes y adultos capaces de componer personajes complejos pese a que a priori parecieran simplistas. Hay momentos increíbles como los falsos estornudos de la madre cuando Juana quiere hablar o el monólogo de la maestra particular. Dos de las muchas situaciones que definirán el patetismo social, familiar y educativo que su director quiere marcar.

Martín Shanly logra en su ópera prima crear un mundo tan ambiguo y desconcertante como lo es el momento de la vida que eligió como tema central. ¿Pero sobre qué es Juana a los 12? ¿Es una crítica a cierta clase social? ¿A la educación privada? ¿Es una película sobre la disfuncionalidad familiar? ¿Sobre padres que llenan a sus hijos de actividades para no hacerse cargo? ¿Sobre los mecanismos impuestos para actuar como robots? Juana a los 12 es sobre todo eso y muchos más temas a los que el autor logra atravesar con una sutileza narrativa ausente en el cine argentino. Martín Shanly habla de todo sin tener que ser explicito o desarrollarlo abiertamente y eso lo convierte en un gran narrador de historias complejas, pero tratadas con la naturalidad que suceden en la vida misma.

8.0

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