Emiliano Basile
28/01/2014 06:58

El mayor atractivo que Ajuste de cuentas (Grudge Match, 2013) supone, viene de la mano de sus protagonistas y el imaginario cinematográfico que acarrean: Sylvester Stallone y Robert De Niro, como dos boxeadores rivales de antaño que se reencuentran en el ring para una revancha en la tercera edad.

Ajuste de cuentas

(2013)

Henry 'Razor' Sharp (el boxeador que personifica Sylvester Stallone, aunque todo parece indicar que se trata de Rocky Balboa) rivalizó fuertemente en sus momentos de gloria profesional con otro boxeador llamado Billy 'The Kid' McDonnen (interpretado por Robert De Niro que recuerda en más de una ocasión a su personificación de Jake LaMotta). El primero de carácter bondadoso, amable y respetado, el otro borracho, malhumorado y mujeriego. Son oponentes naturales, tanto en el cuadrilátero como en la vida (compartieron una novia que compone Kim Basinger por ejemplo). 30 años más tarde les llega la oportunidad de volver a enfrentarse en un match.

Ajuste de cuentas se queda a mitad de camino entre la nostalgia –y el guiño- que produce ver en escena a dos de los más célebres boxeadores que dio la historia del cine (si bien Jake LaMotta existió nos referimos a su representación cinematográfica), y la comedia políticamente correcta que conduce a reordenarse sobre el final.

El director es Peter Segal (Superagente 86) y su estilo de abordar semejante propuesta desde la comedia es acertado. Durante la primera media hora la parodia a Rocky (1976) y Toro Salvaje (Raging Bull, 1980) es lo mejor de la película, con chistes efectivos y buen ritmo narrativo. Alan Arkin aporta su gracia como el entrenador de Razor de nombre Mickey, en clara alusión al entrenador de Rocky Balboa.

Pero en determinado momento, la historia toma el rumbo de reivindicación personal, tratando de cerrar heridas del pasado en sus personajes, virando al melodrama redentor de cualquier comedia familiar. Sólo queda esperar la lucha final que el otro género solapado, el deportivo, auspicia desde el inicio.

De esta manera, la película funciona como reflejo: De Stallone y De Niro hacia sus personajes emblemáticos, de los boxeadores que representaron hacia el ocaso en que se encuentran, del género deportivo hacia su reiteración obvia. Se apoya en los iconos que contiene para hacerlo, y funciona mientras los utiliza. Pero decae en cuanto intenta desarrollar personajes nuevos transitando lugares comunes de comedia sentimental.

En definitiva, Ajuste de cuentas no es una mala película pero no está a la altura del duelo tan esperado que promueve.

5.0

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