Benjamín Harguindey
06/11/2013 17:01

Sola contigo (2013) llega tarde al juego del thriller: su mayor diversión son los celulares y los modificadores de voces a lo Scream (1996). Esta es la historia de una mujer que es portentosamente acosada por celular, hasta que la película termina, y ya no puede ser portentosamente acosada por celular. El barítono distorsionado que la putea en off comienza seductor y termina siendo tan molesto como si nos estuvieran acosando a nosotros por celular.

Sola contigo

(2013)

La película comienza con una conversación por chat entre “Ricardo” y “Leandro”. Ricardo le promete a Leandro que su víctima va a sufrir. Es su especialidad. Luego conocemos a nuestra heroína, María Teresa (Ariadna Gil), que comienza su día nerviosa y exhausta. Despide a un empleado de su empresa, que jura matarla. Luego se despide de su jefe, que le tiene rencor por haber elegido a su ex marido y no a él. Luego se enfrenta a su ex marido, que la echa del negocio. Luego conoce y se acuesta con un viudo, que desaparece al día siguiente. Y finalmente llega la llamada que le da 5 días de vida. ¿Quién oh quién será, y por qué sabe tanto de ella?

Como siempre, contamos con un suculento número de pistas falsas que morirán en la nada y más de una caerá en profundos agujeros de lógica de los cuales no se sale (“¿Por qué este personaje dijo eso y ahora hace esto?”). El film evoluciona hacia atrás, revelando el pasado de María Teresa y construyendo posibles motivos para que alguien la quisiera muerta. Cuando El motivo se hace evidente a mitad de la película, perdemos toda o casi toda la simpatía por María Teresa, que de todas formas no parece demasiado desesperada por mantenerse viva, así que ¿por qué nos va a importar a nosotros si ni a ella le importa?

Ariadna Gil interpreta su papel con una mezcla de fragilidad y lástima y de a momentos canaliza físicamente a Shelley Duvall, el venado encandilado de El resplandor (The Shining, 1980). Los actores de reparto poseen una extraña inmaterialidad en sus interpretaciones, recitando sus líneas con un exagerado énfasis en un esfuerzo por enmascarar el pésimo diálogo, que suena como si estuvieran leyendo los subtítulos de una película en inglés. El extrañamiento es tal que a veces hacen que Gil parezca demasiado dramática.

Leonardo Sbaraglia, promocionado como el co-protagonista de la película, aparece en 6 escenas durante los últimos 40 minutos como el detective a cargo del caso. En un momento llega con buenas noticias: tiene un sospechoso. “El Verdugo, alias El Perro, alias El Fin,” anuncia con total seriedad. Decir que se está terminando la película, sino parecería que vamos a ver una comedia onda Leslie Nielsen.

Sin arruinar cuestiones de la trama: el final de la película es predecible, pero el final-final, no es para nada predecible y resignifica gran parte sino toda la historia que hemos experimentado junto con el personaje de María Teresa. Le devuelve a la cinta un nivel de inteligencia con el cual merecía pasar más tiempo en vez de oscurecer detalles y barrenar agujeros con tal de sorprender al último minuto. A esa altura ya han pasado 92 minutos de mediocridad y quizás el Gran Giro no importa mucho.

4.0

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