José C. Donayre Guerrero
18/04/2013 13:56

Deshora (2013), dirigida por Bárbara Sarasola-Day, es una película sobre los deseos ocultos, lo que no se menciona pero se manifiesta lentamente a partir de una cámara testigo e intimista que pone énfasis en el cuerpo de los personajes principales. Pero todo ese procedimiento surge de un elemento desestabilizador que irrumpe en escena: un nuevo personaje.

Deshora

(2013)

Ernesto y Helena son un matrimonio, en primera instancia, estable y fortalecido que vive en una casa de campo de enormes proporciones. Una finca en la que tienen a su cargo un gran número de trabajadores dedicados al cuidado de animales como caballos y gallos de pelea y, además, a la cosecha de caña. Sin embargo, y debido a su buena voluntad, deciden aceptar y hacerse cargo del cuidado de Joaquín, quien no está atravesando un buen momento emocional. Y ahí es donde todo cambia, pues la llegada del primo de Helena -con quien ella parece tener más de un secreto en el pasado- significa el inicio de un cambio en la vida sosegada y apacible que tiene con Ernesto. Todo se resquebraja al comenzar una relación de tres.

Con un inicio disperso llevado hacia lo predecible, ya que la aparición de Joaquín hace denotar como los otros personajes -Helena sobretodo- sienten una curiosidad que va un poco más allá del simple diálogo, la película parece flotar entre la presentación de la hacienda, los trabajadores y la vida rutinaria de Ernesto y Helena, hasta Joaquín acoplandose a su nuevo entorno sin incidir sobre algo determinado. Pero la cámara se vuelve más envolvente por su posición cercana y puntillosa y así, Deshora torna hacia lo interesante al presentar cambios en los personajes, enfatizar sus ambigüedades, e insertando al espacio como un cómplice de lo que va sucediendo. Como una película que sigue la idea de Teorema (1968) de Pier Paolo Pasolini o alguna película, aunque un poco distante, de Roman Polanski. Aquí un personaje trae la desestabilización a un espacio  de por si cerrado y ya construido. Pero el nuevo integrante no solo produce un cambio, sino que es participe a tal punto que los otros personajes requieren de su presencia física.

Sin duda no se puede obviar el detalle de la mezcla de nacionalidades y cruce de procedencias que plantea la película. De por sí ya Joaquín siendo extranjero directamente, además de ser ajeno, es tomado como un extraño. Pero toda disputa de pareja, más aún si se convierte en una pareja de tres, termina en violencia (sobre todo sucede en este tipo de argumentos) y ése es el punto más álgido de la película de Bárbara Sarasola-Day. Hacia el final va enrumbada hacia la liberación que puede ser visto como un clímax necesario e inevitable. Entonces en ese trayecto, con un extranjero que ronda a una pareja y un fin violento, Deshora nunca pierde esa mirada (la mirada de la cámara) explorativa y curiosa, que poco a poco y lentamente, va atrapando también la mirada del espectador.

7.0

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