Ezequiel Obregón
13/04/2013 18:40

La película de Mateo Bendesky hace de la voz en off su procedimiento narrativo rector. Acá adentro (2013) comienza como un relato ingenioso, lógicamente verborrágico, delirante. Pero no tardará en virar hacia el tedio.

Acá adentro

(2013)

David (Iair Said) tiene 25 años. No está en su mejor momento económico, ni creativo, ni sentimental. Hace poco tiempo lo dejó su novia.  Se dedica al cine y cuando le piden el adelanto de un guión no parece muy predispuesto a escribir algunas líneas. Sus pensamientos fluyen de una manera obsesiva, “retorcida” podríamos decir, a la manera de un Woody Allen vernáculo. David tiene muchas ideas sobre cómo actúa, cuáles son sus temores, cuáles son sus debilidades, por qué el calor lo afecta, y la lista sigue. Lo que David monologa internamente nos llega a través de su voz en off, que poco a poco nos instalará en un lugar tedioso.

El espacio casi exclusivo en donde  se gesta esta extensa voz en off es el departamento del joven. El director sabe qué imágenes conviene emplear para potenciar lo que pasa en ese pequeño universo. Ideas no le faltan, ni talento para construir sagaces observaciones que esbozan un panorama más sutil de su criatura. Los problemas comienzan pasados los primeros veinte minutos, cuando los datos que agregan información se repliegan sobre ese universo tan bien descripto, haciendo del procedimiento un artificio más, restándole espesor dramático al relato.

Parte de esta saturación se advierte en la duración del film, un mediometraje de 67 minutos que bien podría haber sido un cortometraje conciso. Bendesky inventó un personaje simpático pese a sus múltiples y trilladas observaciones. Algunos podrán decir que el final repone en el territorio de lo real algunos desajustes y malestares propios del mundo imaginario, pero es difícil alcanzar una empatía con David e identificarse positivamente. Y, en consecuencia, vislumbrar un film romántico percibido a través de la objetivación de los pensamientos de uno de los dos integrantes de la pareja. En ese sentido, Acá adentro tampoco funciona como un ejercicio de estilo. El universo cinematográfico, la post-adolescencia, la improductividad del tiempo; temas que el cine argentino viene abordando desde hace mucho tiempo. Y, omnipresente, la abulia, representándose en el medio audiovisual y llegando a la platea.

4.0

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