Juan Pablo Russo
12/02/2013 19:05

La nueva película de Israel Adrián Caetano (Crónica de una fuga, 2006) propone un estilo narrativo que requiere de un espectador que no busque verosimilitud en lo que está viendo y, a la vez, se deje llevar por un relato en el que el cruce de géneros y el delirio se apoderan de un film hibrido dentro de su especie. Mala (2013) puede gustar o no, uno puede comprar o no lo que vende pero, jugando con las palabras, no se puede decir que sea mala.

Mala

(2013)

Rosario (Florencia Raggi, María Duplaá, Brenda Gandini y Liz Solari) es una asesina a sueldo que sólo mata a hombres que le hayan hecho daño a las mujeres. Tras el asesinato de su hijo, Rosario se ha convertido en una heroína de las mujeres arrastradas por el dolor físico y psicológico. Pero Rosario es una esquizofrénica con graves problemas de personalidad que mutará en diferentes personas a la hora de llevar adelante cada trabajo (de ahí que el personaje sea interpretado por cuatro actrices). Será uno de esos encargos lo que hará que su desestabilización mental llegue a límites inimaginables, donde todo raciocinio sea anulado por la visceralidad de sus impulsos.

Israel Adrián Caetano es un gran conocedor del cine género y un experto a la hora de tomar diferentes elementos de cada uno y con eso arma una película única. Mala no es la excepción a la regla. Presentada como una fábula moderna sobre la venganza, el relato mezcla el thriller con el suspenso, el melodrama con el terror y la denuncia social con la acción. Desde su inicio todo está propuesto desde la inverosimilitud y buscar un verosímil a partir del momento en que Liz Solari muta en Florencia Raggi sería un error tan grave como ver el resto de la película como si se tratase de una historia “seria”.

En Mala todo es extremo, desde el registro actoral (Ana Celentano y Juana Viale son dos claros ejemplos), la violencia de lo que muestra (no sólo sanguinariamente sino también por lo que son capaces de hacer cada uno de sus personajes), la forma de encarar la historia y llevar adelante una puesta en escena con reminiscencias a una telenovela centroamericana pero con sentido cinematográfico en su forma.

Desde Pizza, birra, faso (1998), hasta Francia (2009), su último film estrenado hasta la fecha, Caetano ha asumido riesgos estéticos y narrativos en toda su obra. Por eso quienes busquen referencias seguro no las encontrarán, aunque en un punto parezca cercana a Un oso rojo (2002), es tan lejana como podría ser la cercanía que tiene con Francia. Es cierto de que Mala no es una película fácil, no porque no se entienda sino por el código diferente que hay que utilizar a la hora de leer el film. Si de entrada uno se toma lo que va a ver como el delirio sanguinario que es, seguramente la va a pasar bien, sino está en el lugar equivocado. Una película para divertirse, pese que a priori parezca todo lo contrario.

6.0

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