Lucia Roitbarg
07/01/2013 13:38

Ang Lee construye un relato ágil en el que intervienen la naturaleza, los dioses, el destino; pero a su vez desarrolla una increíble historia sobre el poder de la mente. Las tensiones entre la fe y la razón abrazan todo el argumento de Una aventura extraordinaria (Life of Pi, 2012), y así, el final es una clara invitación del director a comprometernos en uno de los dos lugares.

Una aventura extraordinaria

(2012)

Pi (Suraj Sharma), un hombre de origen indio de aproximadamente cuarenta años recibe en su casa de Canadá a un joven escritor. La historia de este hombre, según le contaron, era un relato valioso para convertirse en libro y también “le haría creer en Dios”. Pi decide relatarle al joven de qué manera siendo él apenas un adolescente pierde a su familia cuando el barco en el que viajaban de India a América se hunde, siendo él y Richard Parker, el temido tigre del zoológico que tenían sus padres, los únicos sobrevivientes. De esta manera, el film cuenta la odisea de Pi por sobrevivir y por intentar domar al felino, su compañero de naufragio en el bote salvavidas,  en condiciones de suma adversidad.

Si bien casi todo el film presenta las imágenes de Pi y Richard Parker en su intento por sobrevivir, Una aventura extraordinaria tiene un prólogo y un epílogo más que significativos e interesantes que le otorgan a las escenas del naufragio nuevos sentidos dramáticos que no se desprenden de aquellas. Es poco lo que aquí se puede contar al respecto, pero el tema de la religión y la educación envuelven la historia desde el comienzo y marcan al protagonista en su viaje.

Otro elemento a ser destacado es el hecho de que la intriga principal del film está resuelta desde el comienzo, pues es claro que Pi, quien relata la historia, sobrevivió al naufragio. Esta decisión del director cambia el foco de tensión y el espectador entiende que su relación con Richard Parker y su comportamiento en el océano importan más que saber si el tigre se lo comerá o si una fuerte tormenta terminará con su vida. La película sin embargo no arriesga tensión dramática en esta decisión, pues observar de qué manera Pi supera cada obstáculo que se le presenta, ser testigos de su incertidumbre, sus miedos, su dolor ya es una forma de dramatismo que Ang Lee supo explotar al máximo e ingeniosamente. 

Las historias de supervivencia corren el riesgo de resultar repetitivas, por eso aquí lo que merece ser rescatado es la construcción narrativa del film, porque allí reside gran parte de su fortaleza. Claro que filmar la grandilocuencia de la naturaleza es aquí inevitable y, principalmente, para hacer valer el uso del 3D. Pero a pesar de algunas decisiones claramente comerciales, lo que queda claro es que Ang Lee tiene una infinita confianza en su cine, sabe que su mirada será transmitida al espectador; cree en el poder mágico de la ficción y por eso esta historia es posible, porque nos sumerge en lo imposible con una clara y real convicción.

8.0

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