Emiliano Basile
30/12/2012 12:11

¿Qué puede ser más surrealista que ver a Mickey Rourke haciendo de trompetista, a Bill Murray de gangster y a Megan Fox de ángel? Imperdible esta película llamada en argentina El ángel del deseo (Passion Play, 2010) donde uno no puede creer lo que está viendo ni tampoco el grado de seriedad con que está tratada la historia.

El ángel del deseo

(2010)

Estamos en los años cincuenta y un trompetista de jazz sumido en las drogas y deudas de juego (Mickey Rourke, la personificación física de la decadencia) conoce a una prostituta con alas (¿?), o sea un ángel Megan Fox, la personificación física del deseo) quien aparecerá como su salvación en un pueblito de mala muerte, estilo western. El problema es que su dueño, el gángster que controla el lugar (Bill Murray, la personificación física de que todo lo visto hasta el momento es una broma) no dejará ser feliz a la pasional pareja.

Empecemos por el principio: el título El ángel del deseo es una contradicción en sí misma, como el dramatismo que intenta imponer la película sin suerte alguna. Es más, se torna surrealista, porque las escenas (de sexo por ejemplo) superan lo ridículo y pretensioso en el intento de hacer una metáfora fantástica de la redención.

Dirigida por Mitch Glazer, la película no podía ser más obvia e incrédula en la elección de sus protagonistas. Dejemos en claro que tanto Mickey Rourke como Bill Murray son dos grandes del cine cuyas presencias en pantalla exceden al film que los convoca. Sus textos estrella (personajes que habitualmente desempeñan) son tan fuertes que requieren de un gran manejo de dirección para no ser considerados intertextos dentro de lo narrado. Y no es el caso. Ver a Mickey Rourke componiendo a un fracasado es cursi, igual que a Megan Fox de prostituta. Ahora que aparezca Bill Murray tratando de imponer miedo es demasiado. Que Megan Fox se convierta en ángel supera cualquier vaticinio, e incluso pega la vuelta. Imposible tomarse en serio el argumento.

Y así, como si toda la historia fuera un mal chiste que se sucede continuamente, no queda más que disfrutarlo, tratar de entrar en el código de lo increíble para ver como las escenas se superan unas a otras en un argumento insostenible. Quizás en unos años El ángel del deseo se considere un film de culto, pero por ahora es delirio puro.

2.0

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