Juan Pablo Russo
31/10/2012 18:37

Porfirio (2011) es un film extremo que genera la disyuntiva sobre si está bien o no someter a su protagonista a una serie de situaciones humillantes, para recrear el sufrimiento vivido, pese a ser necesario para alcanzar la representación total del dolor y obtener un resultado artístico pocas veces visto.

Porfirio

(2011)

Alejandro Landes (Cocalero, 2007) cuenta desde la ficción una historia real protagonizada por el mismo personaje implicado en el hecho. Porfirio Ramirez, un inválido motriz, que sufrió un accidente laboral que lo dejó en sillas de ruedas, lucha día tras día contra la burocracia estatal para conseguir un rédito económico. Hasta que cansado de tantas vueltas pergeña cometer un atentado aéreo con dos granadas escondidas entre sus pañales. Este caso fue real y sucedió en Colombia hace algunos años atrás.

Porfirio es un film contradictorio que lleva a tomar posiciones encontradas sobre la ética y la estética. Desde lo formal resulta más que interesante la forma en que Landes eligió para llevar adelante el relato desde un marco ficcional. Todo lo que vemos fue real y sus actores son los mismos que lo protagonizaron, pero no deja de ser una puesta en escena por más que dé la sensación que se está frente a un documental de observación. Hay rupturas estéticas y narrativas que lo convierten en un film apasionante y único.

Donde más ruido puede hacer Porfirio es en lo ético. Y la pregunta es si era necesario someter al protagonista a situaciones extremas de humillación física, sexual y emocional. Para ésta pregunta las respuestas pueden ser varias o tal vez no las halla. Hipotéticamente si uno accede a realizar las premisas que se le piden hay un común acuerdo, pero si dichas acciones se hicieron mediante la manipulación ¿son valederas? Preguntas que abren un debate sobre lo ético más allá de estético.

Porfirio es una película de rupturas que, pese a los cuestionamientos que cada uno le pueda hacer sobre las formas para generar un hecho artístico, hay que ver casi por obligación. Aunque el debate sobre los límites entre el cine y las formas elegidas para llevar adelante una representación esté abierto.

8.0

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