Emiliano Basile
27/10/2011 17:37

Extraña, imposible e interesante es la nueva película de Paul Schrader protagonizada por Jeff Goldblum. Adam, memorias de una guerra (Adam Resurrected, 2008) retrata las vivencias de un sobreviviente del Holocausto obligado a ser literalmente “el perro” de un oficial de las SS (Willem Dafoe).

Adam, memorias de una guerra

(2008)

El argumento transcurre en dos tiempos paralelos: La década del sesenta en el centro de terapias alternativas, en el que Adam Stein (Jeff Goldblum) se encuentra internado; y en el pasado, en el campo de concentración en el que Adam y su familia son llevados. El presente son las consecuencias del trauma y el pasado las causas.

En una narración fragmentada, Adam, memorias de una guerra requiere de la atención activa del espectador para su comprensión. En el centro psiquiátrico, el relato está cargado de componentes simbólicos, míticos y psicológicos. Adam es un paciente especial, tiene el Don de adivinar los dolores del resto de los internados. Con sólo tocarlos sufre una herida en su propio cuerpo que luego se extinguirá.

En ese momento, el film toma el estilo de Paul Schrader, guionista de Taxi Driver (1976), y transita dos de sus marcas autorales: una es del orden existencial, el costado oscuro y perverso del ser humano, mientras que la otra es del orden religioso cristiano, la culpa, la redención, etc. Adam es una suerte de Dios espiritual para los demás pacientes y, mediante la ayuda que él les otorgue, irá liberando sus males del pasado. Para ello deberá hundirse en las miserias del ser humano (como él mismo hizo en la guerra) para morir y renacer. De allí el título original cuya traducción sería algo así como La resurrección de Adam.

La película, que participó del Festival Internacional de Cine de Toronto, es al menos compleja. Jeff Goldblum realiza la actuación de su vida, complicada e inverosímil, pero que otorga prestigio al actor (hace de payaso, de perro, de loco y de víctima del Holocausto, todo en un mismo film). Por su parte Willem Dafoe está más correcto, como un oficial nazi cargado de conflictos internos, tan temible como peligroso.

Adam, memorias de una guerra tiene la difícil tarea de querer tratar un tema complejo de forma compleja, enredándose en su propia telaraña de códigos. Pero una vez que uno comienza a decodificarlos puede entregarse a un relato muy atractivo acerca de la condición humana.

6.0

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