Iván Kazi
07/09/2011 13:49

La verdad de Soraya M. (The Stoning of Soraya M., 2008) es un drama débil con un trasfondo trágico. Cyrus Nowrasteh basa su nueva película en la historia real de Soraya Manutchehri, una mujer iraní condenada a muerte por un entorno injusto y salvaje.

La verdad de Soraya M.

(2008)

Un periodista (James Caviezel) arriba a una remota aldea iraní de aspecto hostil y primitivo. Inmediatamente es citado por una mujer a una entrevista donde, según alega de manera misteriosa, se revelarán datos sobre un acontecimiento aberrante acontecido poco tiempo atrás. Soraya Manutchehri, su sobrina, había sido condenada a muerte por lapidación sólo un día antes. Su marido, una persona violenta y perversa, había conspirado con los principales líderes político-religiosos para deshacerse de su esposa y consolidar una nueva familia con una niña de sólo catorce años. Luego de acusarla falsamente de adulterio y denigrarla en público, el cónyuge de Soraya manipulará al jurado para que le atribuyan la pena máxima.

Es válido aclarar que la intención primordial de la película, en realidad, no es la de la innovación estética ni la del entretenimiento casual. El director Cyrus Nowrasteh intenta generar conciencia sobre el patriarcalismo sojuzgador arraigado en la cultura islámica. El sometimiento inicuo de la mujer es una de las características más arcaicas del estilo de vida árabe. Las mujeres velan con docilidad enfática por las comodidades de sus proveedores y reducen cada aspecto de su existencia a un patrón de obediencia próximo a la esclavitud. Con esa realidad conviven los personajes femeninos, y todos los personajes masculinos, con la excepción del periodista proveniente de la civilización, están configurados con un porcentaje inhumano de mezquindad.

En el campo de lo técnico, la película sostiene una estructura habitual. El plano fijo para retratar la quietud imperturbable de inmensos paisajes naturales y el temblequeo irregular de la cámara en mano como aditivo de la brusquedad característica de la traslación mundana. En lo que respecta a la trama, Las tensiones dramáticas perecen inexorablemente ante la tediosa nube de predicibilidad que se percibe a lo largo del film. Las interpretaciones, que podrían compensar las situaciones forzadas y la narrativa apresurada, son inverosímiles en el único caso inadmisible; el del retrato pretendidamente fehaciente de un suceso real. Cada uno de los actores encarna a un estereotipo trillado de la cultura oriental. Todos ellos, pertenecen y se desenvuelven en un mundo islámico virtual, erigido por la industria de cine norteamericana sobre una invariable cualidad; la excentricidad. Es en el afán de capturar las costumbres inusuales de un estilo de vida ajeno, donde se descuida el aspecto humano de los personajes y se da lugar a la inconsistencia de los mismos.

La verdad de Soraya M. es únicamente recomendable para aquellos que desconozcan por completo las costumbres opresivas de la cultura islámica y deseen contar con una ilustración más bien explicita y poco elaborada.

4.0

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