Emiliano Basile
26/07/2011 16:43

El último de los superhéroes en ser presentado por la Marvel -antes de juntarlos a todos en The Avengers: Los vengadores (The avengers, 2012)- se lleva la peor parte de las producciones. Capitán América: El primer vengador (Captain América: The First Avenger, 2011) es ideológicamente nefasta y tan pero tan convencional, rutinaria y previsible en su narración que aburre de principio a fin.

Capitán América: El primer vengador

(2011)

Basada en el comic homónimo, Capitán América representa para la Marvel lo que Superman para DC comics: el patriotismo en toda su plenitud encarnado en un solo personaje. Desde su traje, Capitán América luce los colores de la bandera norteamericana, desde sus anhelos exhibe la moral del país del norte.

La historia comienza en 1941, cuando un debilucho muchacho (Chris Evans) hace todo lo posible para alistarse en el ejército y servir a su país en la Segunda Guerra Mundial. Manifiesta coraje, valentía y perseverancia incondicional ante los constantes rechazos. Un día el Dr. Abrahams Erskine (Stanley Tucci) descubre los valores morales del chico y decide reclutarlo para convertirlo en el superhéroe. La otra cara de la moneda es el villano que ostenta el mismo poder que el norteamericano, pero aspira a monopolizarlo para dominar el mundo.

Vale destacar la labor de Hugo Weaving, el mismo Agente Smith de Matrix (1999), encarnando a Johann Schmidt luego Red Skull, villano “más malo que Hitler”, que brilla con sus demoniacas muecas. Pero lo más monstruoso no pasa por las muecas de un actor –ojalá así fuese- sino por el poco ingenio visual y narrativo del film a cargo de Joe Johnston –responsable de la también insoportable El hombre lobo (The Wolfman, 2010) con Benicio Del Toro- que no consigue que Capitán América: El primer vengador salga del lugar común de cualquier película de superhéroes.

Y por si no fuera suficiente, la ideología. El comic fue presentado en tiempos bélicos, cuando la campaña nacional norteamericana -que implicaba sacrificarse por la patria- era moneda corriente. De ahí que Capitán América represente los ideales del buen norteamericano. Pero la película, que al principio parece parodiar el sensacionalismo de aquel entonces, termina reafirmándolo. Aquello que empieza como una simple estética puramente visual propia del más tardío posmodernismo, termina por ser una bajada de línea funesta para los tiempos que corren.

Ahora bien, una ideología molesta por estas latitudes no implica necesariamente una mala película. Pero no es el caso. Como se dijo, narrativa, estética y visualmente, el film no tiene nada nuevo que ofrecer en materia de superhéroes. Y el intento por rescatar la imagen belicista de EE.UU. termina tan devaluada como el propio Capitán América.

2.0

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