Lucia Roitbarg
12/04/2011 15:25

Tras los dos cortometrajes homónimos, Ignacio Masllorens apuesta nuevamente en Martín Blaszko III (2011) a brindarle cámara y voz a este casi nonagenario escultor a quien apenas se le notan los años pero mucho las ganas de seguir trabajando. A pesar de que recién pasada la media hora empezamos a interesarnos un poco por este personaje, el film consigue momentos muy logrados gracias a la espontaneidad del hombre retratado.

Martín Blaszko III

(2011)

Conocer un poco sobre qué hay tras bambalinas siempre despierta curiosidad. En un sistema que nos presenta el producto terminado para la venta (o para la exposición en este caso), descubrir algo del proceso previo permite nuevas miradas sobre algo que parecía conocido. Aquí reside gran parte del interés de este documental, porque apela a que el espectador empiece a presenciar el proceso creativo como lo que es: un proceso que va más allá de la obra terminada y que a veces no tiene que ver con la creatividad solamente. Es asì que casi en la segunda mitad del film Martín debe enfrentar la preparación de la exposición en el Museo Latinamericano de Buenos Aires (Malba) y aquí la mirada del artista tiene menos relevancia que la del curador encargado de trabajar el espacio de la muestra.

Martín no parece estar feliz con el trabajo de los curadores, pero la manera de darnos a entender eso resulta graciosa. Muchas de sus ideas acerca del arte las expresa en diálogos con un chico que trabaja en el museo pero también parece estar muy consciente de la presencia de la cámara y hasta se convierte en un showman, buscando la complicidad de esa cámara que registra todo y que está allí por él. Pero hay algo que el director destaca mucho y es la pasión y el trabajo de Martín, la forma de pensar en sus obras, casi como si fueran hijos: cada una con su espacio, su color, su historia. Y la perfección que busca este artista no es para nada caprichosa, aunque claro luego deba aceptar que muchas cosas cambian y que otra gente trabaja para perfeccionar la forma de mostrar arte y, aunque él no lo entienda, debe adaptarse a lo nuevo por necesidad.

Masllorens elige filmar un documental en donde los registros en tiempo real por momentos se hacen largos. Si bien esto es una elección consciente, sería válido que la tiranía del tiempo real no provoque letargo en el espectador. No es inherente al documental la elección de no cortar el tiempo y el espacio. Cuando resulta suficiente o necesario para la estética del film estos elementos deben manipularse en pos de privilegiar al personaje. De la otra forma resulta más importante el respeto por aquellos que la forma de mostrar al personaje. Más allá de estas particularidades, el director nos acerca a un hombre que interesa y despierta curiosidad.

6.0

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