Ezequiel Obregón
03/01/2011 18:07

Primera incursión del gran Clint Eastwood en el género fantástico, Más allá de la vida (Hereafter, 2010) resulta una película fallida. El realizador no logra imponer el dramatismo que tienen sus grandes films y a los pocos minutos de metraje el guión muestra el maniqueísmo y las resoluciones arbitrarias que no cesarán hasta el final.

Más allá de la vida

(2010)

Es paradójico que la productora de Eastwood se llame Malpaso y haya dado obras como Millon Dollar Baby (2004) o Gran Torino (Big Torino, 2008). En su último trabajo, el octogenario realizador parece haber tomado ese nombre de manera literal. Decir que Más allá de la vida es una mala película es una exageración. Pero cuesta creer que su director sea el mismo que en una prolífica obra hizo del clasicismo narrativo el camino más noble para construir emociones sin subestimar al espectador. El guión de Peter Morgan (La reina, The queen, 2006) tampoco ayuda demasiado.

El relato comienza con una lograda secuencia en donde vemos cómo una periodista francesa, Marie, (la belga Cecile De France) es arrasada por un tsunami, el mismo que hizo estragos en el Océano Índico en el 2004. La joven muere por unos segundos (o al menos eso parece ocurrir) pero “vuelve” a la vida. De allí en más se interesará por el más allá, aún cuando ese interés la aleje de la fama y la aprobación del medio de la que antes gozaba. Simultáneamente, el relato muestra la actual vida del empleado portuario George Lonegan (Matt Damon), un treinteañero que en el pasado se dedicaba a establecer contactos con los antepasados de las personas, hasta que decidió ponerle punto final a ese trabajo por “ser una condena, no un don”. Por último, asistimos a la desdichada vida de un pre adolescente inglés (Frankie McLaren, dentro de lo mejor del film), hijo de una adicta al alcohol y las drogas que pierde a su querido hermano de forma trágica.

Tamaño cóctel de traumas y desdichas no implican un tratamiento maniqueo per se, pero sí lo facilitan. Y ese es el camino que toma el relato, que explota al máximo los infortunios de sus protagonistas y que previsiblemente los junta al final. Es llamativo que una película que busca reflexionar en cada secuencia sobre la muerte no tenga nada original para decir sobre ella. Tanto Marie como George tienen esas “visiones” con las que deben lidiar, la primera con entusiasmo y al mismo tiempo temor, el segundo con más hastío que sensación de bienestar. A tono con las fábulas morales de Alejandro González Iñárritu (Amores Perros, Babel), Más allá de la vida explora otras culturas pero no encuentra nada significativo en ellas, como si el salto cartográfico fuera tan sólo una excusa para repetir que “la muerte es igual para todos”.

La película no “fluye”, carece de timming. En el camino, coquetea con el romance (de George y una compañera de un curso de cocina) y el drama social (en el caso del chico, finalmente adoptado de forma temporal). La sub-trama más convincente es la de la francesa Marie. En primer lugar, es la menos previsible, la más justificable en relación al vínculo entre el personaje y el contexto. Marie es una espectadora pasiva al comienzo, del drama de los demás y poco a poco de su propio drama interno. Su vida perfecta se cae a pedazos, y desde las ruinas busca indagar en su destino mediante la escritura de un libro que finalmente le devuelve el reconocimiento de los demás. Cecile De France es una buena elección de casting, con unos planos sostenidos en su mirada basta para comprender su incertidumbre. Y no es que el resto del elenco no “cumpla”. Más allá del guión, Eastwood no ha podido imprimirle a la historia la tensión necesaria para que el interés no decaiga, con secuencias que oscilan entre el tedio y la congoja gratuita en poco más de dos horas que se hacen tan eternas como la muerte.

Esperamos el próximo proyecto del director, una gloria del cine que todavía tiene tela para cortar. Se trata de una película basada en la vida del controvertido J. Edgard Hoover, ex director de la CIA. Al fin de cuentas, el viejo Clint mantiene intacta su lucidez y lozanía. Un mal paso… no es caída.

4.0

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