Ezequiel Obregón
02/09/2010 12:23

Con un notable manejo de los tiempos, el realizador japonés Roxana Randón alcanza en Un día en familia (Auritemo, auritemo, 2008) un lirismo cotidiano que ya estaba presente en Nadie sabe (Nobody knows, 2006).

Un día en familia

(2008)

La película que se alzó con el máximo galardón en el Festival de Cine de Mar del Plata 2008 finalmente tiene su estreno comercial (aunque en formato DVD). Film que destila melancolía en cada fotograma, Un día en familia (título local puramente designativo) se centra en un rencuentro familiar durante un caluroso día de verano. Encuentro que se repite cada año, conmemorando la muerte del hermano mayor, quien falleció cuando intentaba auxiliar a un hombre. Su estructura y tono remiten a la dramaturgia de Anton Chejov, por la cantidad de personajes y por el desarrollo dramático. Aquí, más que haber fuertes núcleos narrativos, hay una distensión del tiempo en donde se cuelan anécdotas, reproches y recuerdos amargos. No hay una acción, sino un retrotraerse a aquello que fue pero que sigue incidiendo en cada integrante de la familia.

Un día en familia se detiene en el trayecto del resto de los hermanos hacia la casa de los padres (otrora su propia casa). En ese viaje ya se pre-anuncia la congoja contenida y el sopor, que con mucha habilidad el realizador matiza tiñendo las secuencias con una dosis de comedia. Al igual que en el film de Olivier Assayas Las horas del verano (L'heure d'été, 2008), el film reflexiona sobre la transmisión de la experiencia. Como aquel, también rebalsa en luminosidad. Muchas secuencias se desarrollan en espacios exteriores que funcionan como una depuración de la angustia que se gesta en la casa. Si bien la estructura coral del film le da protagonismo a cada personaje, es el padre quien despliega gran parte de las asperezas. Al comienzo una vecina lo saluda con respeto, por su cercanía generacional y por el título de doctor que ostenta. Esa distancia se quiebra en su vínculo familiar, en donde no se siente respetado.

Como en muchos exponentes de la cinematografía nipona, Hirokazu emplea los actos grupales (las comidas, las visitas al cementerio, los paseos) y contrapone lo que se supone ideal con lo real. Ya sea tensando el segundo para poner en evidencia el fracaso del primero, o mostrando la construcción del ideal pero mediante el ocultamiento de la verdad. En una de las secuencias más conmovedoras, la madre despide al hombre que su hijo muerto salvó. Tras su partida de la casa, señala que junto al padre lo invitan cada año para que sienta remordimientos. Varios de estos emotivos momentos se suceden en la película con gran naturalidad. Y –como ya demostró en Nadie sabe- el realizador consigue la misma versatilidad en el elenco adulto como en el elenco infantil.

Un día en familia es una obra construida con retazos del pasado que se niegan a desaparecer. Su universalidad está dada por el tratamiento de temas que nos tocan a todos (el duelo, el rencor, el desprecio a determinados valores generacionales) mostrados en una historia que no rebalsa en acontecimientos extraordinarios, pero que tampoco los necesita.

10

Comentarios