Juan Pablo Russo
04/03/2010 14:24

Santiago Loza es uno de los poco directores, por no decir el único, que logró estrenar tres películas en tres meses. Pero, más allá de este hecho, lo interesante es que esas tres producciones son tan disímiles entre sí como coherentes en su búsqueda. El drama surrealista La invención de la carne (2009), el thriller minimalista Artico (2009) y el documental Rosa Patria (2009) se diferencian no sólo por género, sino por esa búsqueda que hacen que el cine de Loza sea un acto sorpresa para un espectador que no sabe con qué se va a encontrar, aunque nunca salga defraudado.

Rosa Patria

(2009)

La vida de Néstor Perlongher (poeta, sociólogo y activista político homosexual) es reconstruida a través de testimonios e imágenes de archivo como un rompecabezas humano. Aunque a medida que pasen los minutos estaremos no solamente ante la construcción de un hombre, sino la de todo un movimiento social, una época política y gran parte de la Argentina de las décadas del '70 y '80.

La búsqueda estética de Santiago Loza es ya un denominador común en toda su filmografía, que empieza con Extraño (2003) y que revalida en Rosa Patria. No conforme con lo ya hecho va por más y nos ofrece un documental fragmentado en el que testimonios, poesías y canciones se van tejiendo como araña a su telaraña, para retratar la vida de uno de los activistas gay más relevantes de la sociedad argentina de la década del '70, que en cierta forma puede ser comparado con Harvey Milk, aquel que Gus Van Sant bosquejó en la piel de Sean Penn en la homónima película del 2008.

Rosa Patria tiene un tratamiento de la imagen que acompaña el lirismo que transmite la poesía de Perlongher, las canciones que interpreta Carlos Casella o los testimonios de amigos y militante como Fernando Noy y Juan José Sebreli. La saturación del color virado hacia tonalidades cálidas como el rojo, o el naranja, superposición de imágenes en diferentes planos y el uso de imágenes reconstruidas de forma casera, junto a un minucioso cuidado de los planos sonoros logran que imagen-palabra se fundan entre sí y que la vida y obra del personaje documentado traspasen la pantalla y cobre vida a través de estos elementos plásticos.

Santiago Loza vuelve a demostrar una vez más que su cine va más allá de la simpleza y la nimiedad. La búsqueda permanente de un director que no se queda en lo fácil y el lugar común, indagando de manera constante nuevas formas narrativas, algo poco utilizado en la cinematografía actual en dónde la mayoría prefiere quedarse sobre lo ya hecho sin jugarse por lo diferente. Un cine que hay que ver, si lo que uno quiere es hablar de cine, de patria y de lucha.

8.0

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