Juan Pablo Russo
02/03/2010 12:33

La segunda película del portugués Miguel Gomes (A cara que mereces, 2004), que se alzó con el premio mayor de la última edición del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI), transita los límites entre la ficción y el documental de un modo único e imperceptible.

Aquel querido mes de agosto

(2008)

El director se traslada a Arganil en Portugal para filmar un documental sobre un grupo de música popular integrada por padre, tío y sobrino. Así, entre procesiones, fiestas, canciones, música, paisajes y problemas de rodaje van transcurriendo los minutos para pasar casi inadvertidamente a una historia de amor, con triangulo amoroso incluido.

Miguel Gomes bosqueja de manera compleja pero a la vez casual, dos películas en una pero sin perder la lógica del relato. Un documental que vira al melodrama. Bellas canciones que terminan en un conflicto familiar. Un rodaje complicado. La verdadera magia de este film es el de nunca saber si lo que estamos viendo es parte de la ficción o de lo real, o si todo es una puesta en escena para terminar engañando al espectador en lo que será un documental apócrifo, o viceversa.

La poética del film radica en lo despojado de su puesta en escena. Diálogos banales, cierta cursilería en las canciones y una historia mínima pero contundente se transforma en una celebración cinematográfica, gracias a la maestría de Gomes para transitar por los carriles complejísimos de la simpleza y armar una historia de extrema singularidad.

Aquel querido mes de agosto (2008) es una obra que rompe con la estructura del clasicismo y nos presenta una nueva forma de estructurar un relato cinematográfico, en donde realidad y ficción se conjugan para mostrarnos un film en donde los límites no existen.

8.0

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